La protesta como parte de la democracia y como derecho propio de una sociedad libre es una idea de la que se echa mano constantemente (sobre todo cuando alguien intenta desacreditarla). Sin embargo, hasta para eso existen una serie de reglas pactadas tácitamente por la sociedad que limitan tiempo, espacio y validez de dicha protesta.

En el ámbito artístico tales límites resultan bien visibles y sobrepasarlos es correr riesgo de “censura”. Existe más que una tendencia un “consenso” sobre el deber que tiene un artista de apartar la protesta de su obra. Y ya ni hablemos de mostrar una postura política. No son el cine, ni el teatro, ni la poesía, ni la música… espacios en los que apetezca ver de manera explícita ningún contenido de este tipo. Para eso ya tenemos otros lugares (¿?). Mucho peor se pone la cosa cuando se trata de cocina. Si no que se lo digan a Txaber Allue, El Cocinero Fiel, que el día que se le ocurrió recomendar no votar a Rajoy tras una receta de estofado de sepia ardieron el youtube y su blog.

O cuando, tras percibir –dice él mismo- “un intento de recuperar la imagen del miserable de Franco” en estos tiempos, celebró su muerte con un salmón + salsa ravigote (hecha, por cierto, con la receta sacada del Manual de cocina de la sección femenina de la Falange), que completó con un finísimo vídeo en el que recordaba el famoso “Dadle café, mucho café” falangista.

A él le llamó la atención que muchos de los comentarios que se le hicieron en la primera de las entradas criticaran el vídeo por haber unido cocina con política. Y es que se le sugería, pedía y a veces hasta se le exigía que tratara esos temas en otras partes. Algunos, en la entrada del estofado, le acusaban incluso de adoctrinamiento…

¿Sería este el “consenso” de la sociedad civil gramsciana?

A mí me llamó la atención, sin embargo, que de todos los comentarios solo uno hiciera alusión a la abstención como práctica política válida y que no creara ningún impacto, ni polémica. Como tampoco la crean otros vídeos en que, por ejemplo, defiende y elogia a la conocida bloggera cubana Yoani Sánchez  que ha recibido reconocimientos por parte de la CNN, la revista Time y hasta de Barak Obama; también El País, donde colabora, le otorgó el premio Ortega y Gasset en 2008, dato que me acaba de recordar al post que Daniel Plotkin publicó en esta web hace cosa de un año.  ¿“Consenso” también?

No parece que el problema sea hablar explícitamente de política, sino desde qué postura ideológica se está haciendo, si esta es aceptada o no por quien recibe el mensaje. Mencionar a Rajoy, a Franco, a Queipo de Llano, a la Falange… resulta polémico para nuestra sociedad, es provocador y motiva el debate, el insulto, etc., crea una reacción social. Elogiar a Yoani Sánchez no tiene ningún efecto. Ahora, entonces, pienso en el adoctrinamiento…

L.R.

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