la dimensión del viaje siempre es uno

perseguidor o perseguido

quiero volver a esa patria

seducido y alunado

por una gravedad que desconozco

 

el verdadero orden no tiene lenguaje

como viento fecundo

se renueva constante

para ser y no ser

sonreímos para no morir muertos

aceptamos nuestra condición mineral

nuestra combustión

 

el calor fermenta y destruye

el frío arremete imparcial

 

despierto animal intenso

 

***

 

cuando me preguntaste por los nombres de mis hijos

un frío extraño corría por mi sangre

y no supe qué decirte:

 

entre cada tierra una criatura se salva

esa vez me dijiste lo que todos sospechábamos

tu versión era terrible

demasiado difícil para contestarte

 

en esta noche:

otra vida/otra muerte

el agua nos cubre

nos hace sentir indefensos

 

desde la colina contemplo además

la imaginación que luchando sigue

 

comprendo sin esfuerzo mi naturaleza

 

una mano descansa entre muslos bellos y dormidos

 

***

 

si viste solo las orillas

consérvalo

convérsalo

no te extravíes en fuegos artificiales

enamórate

compra un revólver

estirpe de mis plumas

imagina el arte de antiguos gavilanes

cuando lo real es imposible

somos mientras no pensamos

 

debemos insistir en las líneas del canto

no acaban en destinos

vente al otro lado

contémplame dormido

muérete un poco

 

a veces creo que desperdicié tanta vida

debo crearme o crear a otro

también es terrible ser fecundado

hasta el niño que destruí

 

a veces vuelve

 

***

 

Del libro Lengua negra de colores (Lima: Lustra, 2012), de Edgar Saavedra (Caxamarca, Perú), autor de los poemarios Final aún (2000) e Isla (2009).

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