Antecedentes: Atenas, siglo V a.C. Dos conceptos definen la situación política en que viven los ciudadanos:  pólis y democracia, democracia directa. A la última tres premisas la delimitan. Seguimos con la segunda:

“B-El pueblo por oposición a los ‘expertos’

La concepcción griega de los ‘expertos’ está ligada al principio de democracia directa. Las decisiones relativas a la legislación, así como también a los asuntos políticos importantes —a las cuestiones de gobierno— son acordadas por la ecclesía tras escuchar diferentes oradores y, en su caso, a quienes pretenden poseer un saber específico sobre los asuntos discutidos. No hay ni podría haber ‘especialistas’ en cuestiones políticas. El saber técnico político —o la ‘sabiduría política’— pertenecen a la comunidad política, pues la téchne, en sentido estrito, se halla siempre vinculada a una ‘actividad técnica’ específica y está naturalmente reconocida en su propio dominio. […]

La elección de los expertos plantea un segundo principio, central en la concepción griega… […] El buen juez del especialista no es otro especialista, sino que es el usuario: el guerrero (y no el herrero) en el caso de la espada, el caballero (y no el talabartero) en el caso de la silla de montar. Y naturalmente, en el caso de los asuntos públicos (comunes), el usuario y, por lo tanto, el mejor juez no es otro que la pólis. […]

Nunca se insistirá bastante en el contraste que hay entre esta concepción griega y la visión moderna. La idea dominante según la cual los expertos solo pueden ser juzgados por otros expertos es una de las condiciones de la expansión y la irresponsabilidad creciente de los modernos aparatos jerárquicos burocráticos. La idea dominante de que existen ‘expertos’ en política, es decir, especialistas en cuestiones universales y técnicos de la totalidad es una burla de la idea misma de democracia: el poder de los hombres políticos se justifica por el ‘saber técnico’ que ellos serían los únicos en poseer; y el pueblo, por definición inexperto, es periódicamente llamado a dar su opinión sobre esos ‘expertos’. Teniendo en cuenta la vacuidad de la noción de una especialización en cuestiones universales, esta idea contiene asimismo los gérmenes del creciente divorcio entre la aptitud para escalar a la cumbre del poder y al aptitud para gobernar —divorcio cada vez más flagrante en las sociedades occidentales.”

Cornelius Castoriadis, “La pólis griega y la creción de la democracia” (1982)

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