Atenas, siglo V a.C. Dos conceptos definen la situación política en que viven los ciudadanos:  pólis y democracia, democracia directa. A la última tres premisas la delimitan. Hoy les dejamos la primera:

“A-El pueblo por oposición a los ‘representantes’

Cada vez que en la historia moderna una colectividad política ha entrado en un proceso de auto-constitución y de auto-actividad radicales, la democracia directa ha sido redescubierta o reinventada: consejos comunales (town meetings) durante la revolución norteamericana, secciones durante la Revolución Francesa, Comuna de París, consejos obreros o sóviets en su forma inicial. Hannah Arendt ha insistito muchas vces en la importancia de estas formas. En todos estos casos, el cuerpo soberano es la totalidad de las personas afectadas; cada vez que una delegación resulta inevitable, los delegados no son simplemente elegidos, sino que pueden ser revocados en tdoo momento. No olvidemos que la gran filosofía política cláscia ignoraba la noción (mistificadora) de ‘representación’. Para Heródoto, lo mismo que para Aristóteles, la democracia es el poder del démos, poder que no sufre ninguna limitación en materia de legislación, y la designación de los magistrados (¡no de ‘representantes’!) se realizaba por sorteo o por rotación. […] Fue Rousseau, y no Marx ni Lenin, quien escribió que los ingleses se sienten libres porque eligen su parlamento, pero que en realidad no son libres más que un día cada cinco años. […] Benjamin Constant no glorificó las elecciones ni la ‘representación’ en cuanto tales; defendió en ellas males menores basándose en que la democracia era imposible en los países modernos a causa de sus dimensiones y que la gente se desinteresaba de los asuntos públicos. Sea cual sea el valor de estos argumentos, se fundamentan en el reconocimiento explícito de que la representación es un principio ajeno a la democracia. Ya esto admite poca discusión. Desde el que momento en que hay ‘representantes’ permanentes, la autoridad, la actividad y la iniciativa políticas son arrebatadas al cuerpo de ciudadanos para ser asumidas por el cuerpo restringido de ‘representantes’, los cuales las emplean con el fin de consolidar su propia posición y crear las condiciones susceptibles de influir, de no pocas maneras, en el resultado de las siguientes ‘elecciones’…”

Cornelius Castoriadis, “La pólis griega y la creción de la democracia” (1982)

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