Desde el bombeo del corazón, la manera de caminar, el ejercicio de moler, encender o apagar un aparato… todo está sometido a una medida de tiempo, a una secuencia rítmica. Las maneras de percibirlo, de sentirlo o de incorporarlo a la cotidianidad son absolutamente culturales y no deja de ser impresionante cómo de una punta a la otra del mundo, allá por donde vayamos, nos encontramos con infinitas posibilidades de vivirlo. Cuatro ejemplos al respecto:

1-Rythm “Foli”. There is no Movement Without Rythm, de Thomas Roeber y Floris Leeuwenberg. Proyecto resultado del rodaje de un mes en el pueblo de Baro (Guinea).

2-Music for One Apartment and Six Drummers, de Ola Simonssons. Suecia, 2001.

3-Musique de tables, de Thierry de Mey. Francia, 1998.

4-Gumboot Dance, de Stephen Smith. Sudáfrica, 2009.

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