En el año 2007 la Editorial Argentina inauguraba su colección de Arte Brujo con Salvavidas, una obra en la que se recogía el trabajo artístico de Dany Barreto y Juan Batalla en las playas de Uruguay varios años atrás. Las imágenes, fotografías de los relieves hechos con tablas y mejillones de los refugios de los salvavidas, se combinaron entonces con textos de Fernando Loustaunau y Alejandro Frigerio, junto a un diálogo con Robert Farris Thompson. El ensayo del antropólogo Alejandro Frigerio, “Señores de la playa/Entrecruzamientos”, es el que llevó a frecuEncia uRbe no solo hasta la obra de estos artistas, sino también a una más que recomendable fuente de información sobre el estudio de la herencia africana en el continente americano, el blog del propio Frigerio, Afroamericanas.

Allí y en su momento, se reprodujo este “Señores de la playa/Entrecruzamientos”, sobre la cosmología y el desarrollo de las religiones africanas en América, en qué consistieron originariamente, cómo fueron siendo asimiladas por las culturas receptoras y cómo siguen vigentes de una manera u otra en las religiones e idiosincrasias de hoy en día. El texto es demasiado largo para ser reproducido en nuestro espacio, pero aquí les dejamos un fragmento del comienzo con el fin de despertar su interés y que se lancen a leerlo entero en Afroamericanas:

“Las religiones africanas llegan a América con los esclavos traídos por portugueses y españoles. Príncipes, sacerdotes y sacerdotisas de orígenes diversos, adivinos, guerreros y músicos de renombre llenan, al igual que otros compatriotas menosilustres, las bodegas de los barcos negreros. En América, desposeídos de todo salvo de su memoria, su imaginación y su fe, reconstruyen sus antiguas religiones. Separadas las familias, desbaratados los linajes, alejados los compatriotas, las que habían sido religiones basadas principalmente en el culto a un solo orixá, ancestro mítico de cada comunidad, se reconstruyen como devociones al conjunto de estas deidades que sobrevivieron al pasaje del Atlántico.

Según las nuevas formas religiosas que toman cuerpo en América, Dios, Olodumare crea el universo para luego desentenderse de él, dejándolo al cuidado de los orixás. Estas deidades intermedias son dueños y patrones de los distintos aspectos de lanaturaleza y de las actividades de los humanos. Colores, animales, partes del cuerpo, comidas, días de la semana, todo lo que existe pertenece a uno u otro orixá, configurándose así un sistema de clasificación del cosmos donde cada objeto, en virtudde sus características, será afín a una de estas deidades y no a otra. Y todo lo nuevo que va apareciendo en el mundo (inventos tecnológicos, nuevas actividades sociales, incluso enfermedades) puede ser -debe ser- inserto en este esquema.

Entre los orixás y los hombres se encuentra Exú, el orixá más misterioso, temido y necesario de todos. El mensajero, a quien siempre se le entregan las primeras ofrendas y sin cuyos buenos oficios los puentes entre los hombres y los orixás noexistirían. Exú, el señor de la dinámica, es el primero creado por Olodumare. También entre los orixás y los hombres existe Orunmilá, señor de la adivinación, quien, por haber estado presente cuando Olodumare creó el universo, conoce los secretos y el porvenir de todos los seres.

En América, los esclavos conocen a los santos católicos, hombres y mujeres con características y poderes especiales; con dominio, también, sobre determinadas actividades humanas. Cuentan las leyendas que luego construimos como historia que entonces también los orixás conocen a los santos y con ellos se identifican. En los distintos países de América a los cuales los esclavos contribuyeron con su trabajo, con su sangre, con su cultura, con sus genes y también con su religión, se forman distintas variantes religiosas afroamericanas a medida que sus creencias se mezclan con el catolicismo, con el espiritismo y con las religiones indígenas. Así nacen la santería y el palo monte cubanos, el vodoun haitiano, el batuque, el candomblé y la umbandabrasileñas, entre otras variantes. A través de sus rituales y fiestas continúa la comunicación entre los hombres y los orixás que se había interrumpido con el pasaje del Atlántico. Con la gracia de Exú se reestablecen los puentes: la adivinación vuelve a indicar las ofrendas necesarias; los hombres, a sacrificar animales y a ofrecer comidas rituales para devolver el axé, la fuerza espiritual, a los orixás. Estos volverán a ayudarlos en sus miserias cotidianas, y periódicamente penetrarán los cuerpos de sus devotos en las ceremonias religiosas realizadas en su honor. Los mitos continuarán contando sus hazañas, sus amores y sus odios que se verán reflejados en las vidas cotidianas desus hijos en la Tierra. Estos resultarán propensos a los mismos amores, pasiones, odios, conflictos, arrebatos, virtudes y debilidades temperamentales que sus padres espirituales en el orún, el plano inmaterial que los orixás habitan…”

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