Se acaba de estrenar en España el documental de Wim Wenders sobre la bailarina alemana Pina Bausch (1940-2009). Un montaje impecable por donde van pasando todos los bailarines de su compañía: hablan, recuerdan alguna frase memorable de la maestra y, sobre todo, danzan. Una retrospectiva que rescata la belleza de las coreografías, la pulcritud de los montajes, los escenarios impecables. Y su fantasma, la energía de Pina que se manifiesta en todos ellos; así lo dice una bailarina: es como si Pina estuviera en cada uno de nosotros, o al revés, como si todos nosotros fuéramos partes de ella. El movimiento simultáneo o caótico revela en realidad una fuerza especial, incluso para el espectador que no conocía tan bien el trabajo de Pina Bausch.

Y por supuesto, el ojo de Wenders es infalible. Concibió la película como una colaboración con Pina, pero ella murió durante el rodaje; de ahí el tono dramático que rodea la producción. Elegía dolorosa para bailarines y equipo de producción. Se nota en cada detalle. Como dijo Wenders:

I’m brokenhearted
that we started our long-envisioned collaboration and film
too late

La película, que se puede ver en 3D, tiene una música perfecta: desde el Leãozinho de Caetano Veloso hasta La consagración de la primavera de Stravinski. Y los bailarines, de todas las nacionalidades, consiguen dar imagen al chorro de energía de una forma especial. No es solo que la puesta en escena sea impecable, ni que los escenarios acompañen con tanta armonía al conjunto, sino sobre todo: el espectador siente una fuerza avasalladora en cada toma, en cada cara, en cada movimiento. Como si Pina Baush se manifestara dando forma corpórea a todo tipo de sensaciones e imágenes, ordenando el caos sin decir una sola palabra. Un gran homenaje, no se lo pierdan.

Violeta E.

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