Depreciación. En 1912, Kandisnsky escribió: “Un artista, una vez ‘encontrada por fin su forma’, piensa que ahora puede seguir produciendo su obra en paz. Desafortunadamente, suele no advertir que a apartir de ese momento (de ‘paz’), muy pronto empieza a perder la forma que por fin encontró”. Lo mismo ocurre con la capacidad de entender. El artista no vive del stock acumulado. Cada idea es un campo de fuerza, y así como el contenido de verdad de un juicio no puede divorciarse de su ejecución, las únicas ideas verdaderas son las que trascienden su propia tesis. Como deben disolver las visiones petrificadas de los objetos, el precipitado mental de la osificación social, la forma de reificación que se produce en una idea considerada como una posesión definitiva se opone a su propio significado. Hasta las opiniones más extremadamente radicales se falsifican en cuanto se insiste demasiado en ellas, y la sociedad ansiosamente las confirma por medio de la discusión de su doctrina, absorbiéndola de ese modo. Esta situación ensombrece el concepto de teoría. No hay ninguna que, en virtud de su constitución como estructura fija y coherente, no albergue en su interior un momento de reificación y desarrolle rasgos paranoides. Y eso, precisamente, es lo que la hace efectiva. El concepto de idée fixe no solo roza la aberración sino que es un ingrediente de la teoría misma, la pretensión de asoluta de algo particular que surge en cuanto se aísla firmemente en un momento diferenciado. Las ideas relacionadas con sus antítesis no constituyen una excepción. Hasta las teorías más dignas tienden al menos a la interpretación reificada. En ese punto, parecen satisfaer secretamente una demanda de la sociedad mercantilista. La idée fixe, como la manía persecutoria, suele relacionarse con la atribución de culpa. El sistema maníaco no puede ver a través de la manía sistematizada, el velo de la totalidad social. Por lo tanto, solo apunta a un principio único: para Rousseau, la civilización; para Freud, el complejo de Edipo; para Nietzsche, el resentimiento del débil. Si la teoría no es de esa clase, la recepción que tenga puede aun tornarla paranoide. […]

La libertad que ellos conocen. La gente ha manipulado tanto el concepto de libertad que finalmente se reduce al derecho de los más fuertes y ricos a quitarles a los más débiles y pobres lo que todavía poseen. Los intentos de cambiar esta situación se consideran como una bochornosa transgresión del campo de esa misma individualidad que, merced a la lógica de esa libertad, se ha transformado en un vacío administrado. Pero el espíritu objetivo del lenguaje sabe que las cosas no son así. El alemán y el inglés reservan la palabra free para cosas y servicios gratuitos. Además de ser una crítica de la economía política, esa característica da testimonio de la falsa libertad en las relaciones de intercambio: no hay libertad mientras todo tenga un precio, y en la sociedad reificada las cosas exentas del mecanismo de los precios solo existen como penosos rudimentos. Si se las estudia en detalle, se descubre usualmente que ellas también tienen un precio y que son dádivas que vienen con mercancías o implican al menos dominación: los parques hacen más soportables las prisiones para aquellos que no estan presos. […]

Fragmentos de “Mensajes en una botella”, de Theodor W. Adorno. Se pueden leer en Ideología. Un mapa de la cuestión, de Slavoj Žižek (Buenos Aires: Siglo XXI, 2003)

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