Pero supongo que lo peor de todo, el problema de fondo es todo este asunto, lo que llamo “lo cultural”, lo que me consume. No puedo sostenerlo, ya no, ya no puedo sostener los medios y el colectivo, eso, los medios de transporte por ejemplo. ¿Cuántos más? ¿Cuántos más van a tener que ser? Y cuántos habrán sido ya… ¿Y los conocimientos? ¿El conocimiento impartido? ¿Qué con ese tipo de aprendizaje? ¿Y qué de no encajar? Siempre la misma estructura de análisis y es absolutamente enloquecedor, ensordecedor, y la cultura, el hombre, la mujer, el abrazo, el cine, los encuentros, los intereses, los amigos, el pasado, todos los pasados juntos y la señora de cuarenta que veo en el tren y que para mí tuvo y tendrá siempre cuarenta, porque para mí nace y muere en ese instante y ella que en este instante a lo mejor debe creer siempre haber tenido cuarenta, de otro modo no estaría tan tranquila… Igual que yo que actúo como si siempre hubiera tenido la edad que tengo y eso no es otra cosa que miedo, miedo a estar sentada como esa abuela y pensar que siempre fui abuela o peor, ser una señora de cuarenta que mira con envidia a otra veinteañera, también es eso la cultura, no la soporto. La ropa y los horarios, los fines de semana, los trabajos, la ambición el desarrollo el crecimiento los logros el teléfono la memoria la computadora la noche la mañana las vacaciones el descanso el recreo el esparcimiento el evento las fechas la hora el funcionamiento el caos ordenado la queja el reproche los manejos la repetición la repetición la repetición la repetición la desilusión y lo peor, lo peor de todo, la esperanza que asoma de tanto en tanto. Siempre queriendo que me lleven consigo o que me olviden, un acto fallido: que me obliguen a quedarme y entonces un retroceso como aquél cambió el rumbo de mi decisión, tal vez porque nunca hubo tal cosa y entonces sólo pienso, sólo me queda concluir que tengo un espíritu débil, tal vez sea sólo y simplemente eso y tengo un espíritu débil incapaz de, en efecto, realizar algo. Llevar a cabo, ejecutar. Sólo sé que me siento asfixiada, muy asfixiada y que todo me resulta titánico, un movimiento inmenso imposible de hacer y entonces me acomete el sueño, eso, otra vez el sueño y es tan claro y tan evidente y tengo tanto miedo que me quiero ir muy lejos para despertarme de una vez por todas, de ser eso todavía posible. Noto que mis pies pueden no hacer ruido al pisar y lo compruebo con cierta alegría melancólica como casi todas las alegrías, una especie de recuerdo de sí mismas. Es tan simple como sentir que por momentos no encajo y en otros encajo demasiado y eso me desconcierta y atemoriza, por momentos todo por hacer y después otra vez el vacío absoluto y yo y el retorno de la eterna pregunta o el eterno retorno de la pregunta o la pregunta del eterno retorno y leo apuntes que describen períodos pasados —todo muy interesante y pintoresco— pero lo que a mí realmente me preocupa es no poder soportar la cultura, los intercambios del modo en el que fueron establecidos y toda esta patraña individualista de sentirse especial cuando ahora me siento como el hombre entre las rejas en el tren hundido bajo el agua en Europa y cuento los número regresivos, la cuenta regresiva, pero no, eso tampoco es cierto, porque de ser así sentiría mucha paz y no es el caso en absoluto, todo lo contrario, es más bien algo así como la resurrección del revoltijo y cuando me siento así no puedo ni escuchar música ni leer ni mucho menos escribir, sólo puedo escupir estas palabras, es lo único que puedo hacer, esto o dormir. Entonces pensarlas, pensar todas las cosas juntas a la vez, se superponen paradigmáticamente, no hay linealidad o al menos ésa es la sensación como un aleph enloquecido (¿no es increíble que en el caos el tipo eligiera ver un pecho y el cáncer en el pecho?) y en cuanto a este concepto estoy teniendo algunos problemas: ¿qué hacer si ya ni siquiera puedo confiar en mis sensaciones, todo lo contrario, si debo temerles? ¿Qué si no hago más que equivocarme una y otra vez, una vez tras otra ahhh siento el ahogo no aguanto más no aguanto más no aguanto más no soporto ni un minuto más ser yo misma acá conmigo ahora en este momento en todos los que pasaron y en la proyección de todos los que faltan, y lo imperfecto de esa proyección. No puedo más y ¿por qué tanto tormento? Tampoco puedo entenderlo y todo eso que intenta regenerarte Norma que, está bien, pero creo que sólo querés regenerarme y ¿para qué? Para que vuelva a creer en ¿qué? Dijo que para vivir (soportar la existencia, leo yo) era necesario llevar un velo frente a los ojos y que el mío estaba descorrido y nuestro trabajo, el que nos convoca, consistiría en volver a correrlo, ponerlo en su sitio, para que pueda seguir viviendo. Ja. La mujer velada. Hay algunos que toman medidas al respecto y se hacen una vasectomía, otros tienen suerte y apabullan a la audiencia con sus proyectos —una infancia y un futuro promisorios— y otros, después de años de trabajo, viajes y reconocimiento ven su mente alterada por alucinaciones producto ya no del genio, sino de la metástasis que comenzó a hacer lo suyo en el cerebro.

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Texto extraído de ¿Vos me querés a mí? (Buenos Aires, Entropía, 2010), primera novela de la autora argentina Romina Paula (Buenos Aires, 1979).


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