El capitalismo toma la vida humana y sus posibilidades, las congela y vende los productos resultantes a aquellos cuya existencia misma ha robado. Las fotocopiadoras, scanners, impresoras, grabadoras de CD y tecnologías de sampling hacen todas las leyes existentes de “copyright” obsoletas. Una serie de Festivales del Plagio facilitados por el MAP servirán para que aquellos interesados en estos asuntos puedan reunirse y promover su causa. La originalidad y la individualidad como categorías son esenciales para el mantenimiento de las relaciones sociales y de propiedad capitalistas y el plagio como práctica cultural es un arma estratégica para minar la hegemonía de esos conceptos. Las estrategias y acciones del MAP nos alientan a entender nuestro papel en el conjunto de relaciones sociales entre público, artefactos y creadores como mutuamente productivo. Si esto no tiene sentido para algunos, se demuestra la necesidad de eventos como el Festival del Plagio, que como mínimo intentan confrontar el problema de promover la comprensión de dichas relaciones sociales. Mediante la diseminación de “propaganda” convenientemente disfrazada (de la que el Festival del Plagio es un ejemplo), quizá sea posible en el futuro dar un salto más allá de la pasividad general y el culto sin sentido a unos pocos individuos privilegiados, alentado por los hábitos mentales que dominan la sociedad por el momento.

Para recalcar lo obvio: cualquier trabajo de arte está impregnado de definiciones particulares de la “realidad” y del “arte”, y estas definiciones son todas ideológicas. La naturaleza dudosa de un artefacto cultural, aquella dimensión de él que parece fuera del control de su supuesto creador, constituye un área de lucha. El arte que tiende, en palabras de Dubuffet, a “yacer en la cama hecha para él” es una mera mercancía. El arte que está hecho para acostarse en la cama de Procustes del establishment del arte burgués ha sido típicamente amansado en el mercado. Cualquier elemento de duda ha sido resuelto al definir la obra primero y antes que nada en términos de dinero, del cual se dice que “vale” una tal cantidad, y por medio del cual es medido contra otros trabajos. Tal tipo de arte podría ser descrito como inútil, a no ser por el hecho de que sirve para “hacer la tarea” de centrar el poder. Tal tipo de arte es un “sin sentido” no porque no responda a una definición particular de “realidad”, sino porque no cuestiona las relaciones sociales. Mientras que el artista puede, por cierto, “crear” una obra de arte, esto es sólo parte de un proceso más complejo: la obra de arte en parte produce al artista. Ella en parte también produce al público, aquellos que experimentan la obra. Y además hay que considerar otras fuerzas productivas como el lugar donde al arte “aparece”, el ambiente político, las asunciones y creencias del público, el momento cultural, etc. El así llamado producto en realidad produce al así llamado creador y el artista y el público ocupan una posición similar con relación a los artefactos. El papel del público que impulsa el MAP es productivo, quizá incluso performativo. No se trata tanto de que “todo el mundo puede hacerlo”, como de que “todo el mundo lo hace, lo quiera o no”. La obra está necesariamente incompleta y abierta y tú estas implicada.

El Festival del Plagio pretende atraer la atención sobre la posición privilegiada sostenida por la cultura de la clase dominante y los varios aparatos a través de los cuales su contenido ideológico es mitificado en la práctica artística presente. Simultáneamente el Festival ofrece una plataforma para alternativas a estos modos alienados de expresión.

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Recomendamos a los interesados el documental ¡Copiad, malditos!

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