Porque hay mentes privilegiadas y textos que merecen ser recordados de por vida, para ver si se reproducen. ¿Cuándo vuelve Irene Adler? Aquí les dejamos el origen de este Oráculo ocasional y abajo la reproducción. Disfrútenlo y piensen en sus cosas con cosas, a ver qué pasa:

“Después de algunos días descubriendo la dura realidad, Irene Adler piensa en las cosas con cosas. Y siente un asco difícilmente descriptible cada vez que encuentra un cereal nuevo entre la masa de pan que está masticando. ¡Cronch! De repente algo más duro. ¡Aghhh!, ahora hay muchas cosas más duras y se me están quedando en las muelas. Puaggghhh, ahora una… ¡dios!… ¿es una pipa?… Con el asco escrito en la cara, Irene Adler recuerda que hace tiempo que le debe a cierta persona una descripción sobre ciertos alimentos. Mientras piensa que aún no lo ha hecho porque cree que una descripción de tales características puede resultar increíblemente tediosa, su lengua está hurgando entre los picos de sus muelas intentando sacar las partes no homogéneas del pan. Y, claro, luego se quedan perdidas por su boca, de manera que Irene Adler tiene que masticar esas partículas con los incisivos. Parece que está comiendo alpiste. Desde luego, no es una situación que le agrade. En ese momento, encuentra un trozo de la pipa de antes. El estímulo activa alguna zona de su cerebro y quizá, para evadirse de la situación actual, comienza a recordar cómo se come a veces las pipas (solo a veces, que tampoco es tan friqui). Es posible que Irene lo recuerde porque nota que la pipa de su boca no tiene la misma textura que las pipas normales de bolsa. Está mucho más humeda y es un poquito más blanda, probablemente debido al agua del pan o al horneado. Y no pincha. A Irene Adler le hace gracia que las pipas pinchen. Cuando abre una pipa y la saca con cuidado con los dedos, se la mete en la boca y siempre busca la parte de arriba de la pipa, la que pincha. Le gusta pincharse la lengua un par de veces (será que es algo masoca), pero enseguida, el pellejito de la pipa se empieza a desprender. En ese momento, la atención de Irene Adler se desvía hacia el pellejito, que tiene que quitar de inmediato con los incisivos, mientras se saca la pipa de la boca con los dedos. El pico de la pipa desaparece en esta operación. El pellejito ha de masticarse muy brevemente con los incisivos mientras se disfruta de esa textura un poco pegajosa. Irene Adler se pasa la lengua por el incisivo donde se le haya quedado adherido el pellejo (suele ser el superior izquierdo, para qué nos vamos a engañar) y traga. Como hipótesis de trabajo, considera que el pellejo ha sido eliminado y puede continuar. Se mete la pipa de nuevo en la boca y disfruta enormemente de lo suave que está ahora. Entonces, como si algún programa cerebral se estuviera ejecutando, busca el surco que las pipas tienen longitudinalmente en cada cara y hace encajar sus incisivos en los surcos (los superiores y los inferiores, se entiende). Presiona. La pipa se rompe. Pero lo divertido es que las pipas se rompen en láminas y eso a Irene Adler le hace mucha gracia. Quizá porque es ordenado, pero aún se lo pregunta. Después ya solo queda tragar y masticar algún trocito rebelde con los incisivos.
Si Irene Adler lo piensa fríamente, es una forma muy metódica de comer pipas. Y muy analítica. Pero no sabe el por qué de ese pequeño programa mental. Para entonces, ya no tiene restos de pan en la boca e Irene Adler está abriendo un yogur de fresa. Mete la cuchara en el yogur, la saca llena y se la mete en la boca, y entonces, ay entonces, todas las alarmas empiezan a sonar de nuevo en su cabeza porque acaba de descubrir que tiene una cosa no identificada entre la lengua y el paladar.”

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