Hace un mes que busco a un hombre. Tengo una misión y no pararé hasta cumplirla. Ando detrás de un hombre que hace música con cucharas, al parecer tiene varias, de distintos tamaños y las hace sonar, imagino yo que a modo de castañuelas o instrumentos similares. He conseguido convertir esta búsqueda en una obsesión y paseo por el breve tramo de la calle 9 que cubre por completo el Italian Market, el más antiguo de la ciudad y uno de los pocos con puestos en la calle. Allí trabaja el tal Spoonman, o eso me dicen los que lo conocen. Pregunto en la calle a la gente que pasea y hace la compra; en las tiendas nadie lo conoce, nunca oyeron hablar de él, en cambio los trabajadores de los puestos de fruta y verdura saben de su existencia. “Sí, Spoon, trabaja acá, vende fruta”, y señala hacia los puestos más arriba, “Toca las cucharas, chaca chaca cha” y el hombre agita las muñecas con los puños cerrados, y con la boca imita un sonido como de percusión. Pregunto a un pescadero mexicano que también lo conoce y su respuesta es muy similar: “No sé cómo se llama, se llama Spoon”.

“¿Spoonman? No, ni idea, yo creo que te lo estás inventando”, dice la dueña de la tienda de especias. Siempre está en la calle, sentada a la puerta de su tienda con una copa de vino blanco y un cigarro extralargo, a su lado hay otra silla que va ocupando gente intermitente. “No, no, me han dicho que Spoonman existe y que trabaja aquí, y que toca las cucharas”, “Pregunta a la florista, lleva aquí más de veinte años, si ella no lo conoce probablemente te lo estés inventando”. Sale la florista que tiene la tienda pegada a la de especias y de nuevo la cara de ni idea. Claudio es el dueño de la tienda de productos italianos (único resto material del nombre del mercado junto con di Bruno, ambos solo aptos para paladares con dinero). Tampoco él puede ayudarme y me pregunta curioso: “ma chi è questo Spoonman?”

Me acerco al bar que hay en la esquina sur del mercado, sobre la 9 con Washington Street, y allí Samuel, el camarero, en un inglés mucho más misterioso que el mío me dice que puede que Spoonman venga esta tarde a tocar cuando cierre el puesto de frutas, “at 5, at 5, come, it’s good!”. Pero ya se me hace tarde, seguiré buscándolo.

Olvido Rellanos

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