Quién sabe si por su múltiple identidad, por sus especialidades académicas o por su asombrosa capacidad de observación… Quién sabe si fue porque asumió ser Chino Chicano y repartirse entre Colombia, Japón, Estados Unidos y España a la vez, que se convirtió en un sujeto situado más allá de cualquier frontera, es decir, un “transculturatus, como él mismo se define.

Desde hace varios meses explora un continente más, el del ciberespacio, y comparte con los culturófagos de sus lectores toda clase de experiencias basadas en la mezcla de identidades, tras pasar antes por el filtro de la reflexión y el reposo que tan arraigado le dejó el Japón.

Los temas que trata van desde cuestiones de lengua, costumbres, comidas… historias que obligan a sonreír y mover la cabeza, a pronunciar lo impronunciable, a vivir la paradoja del ser y no ser a la vez, entre otras muchas reacciones, pero en el momento en que menos se espera, descarga una reflexión más que intensa sobre una cuestión universal que probablemente nunca uno había considerado. De todo esto tiene la culpa –gracias (gurashasu) por el rigor– un estilo controlado, serio, divertido y trabajado, que enreda en el laberinto desde la primera hasta la última palabra.

Si a pesar de estas coordernadas, todavía no tienen ganas de visitarlo, que se presente él mismo -también en inglés, para los posmodernos-, a ver si lo consigue:

“Cuando tenía 3 años, mi familia decidió mudarse a los Estados Unidos durante un tiempo para consolar a una de mis tías que acababa de enviudar.
[…]Un día, sin embargo, llegué a casa llorando. Estaba enfadado porque unos niños se habían burlado de mí llamándome “chino chicano”. “¿Qué narices es un chino chicano?” –es la pregunta más frecuente que me han hecho a día de hoy al contar esta historia.
[…]La explicación que le di a mi madre entre lágrimas, era que los niños me habían visto como un chino que en realidad era un chicano, debido a que no hablaba ningún otro idioma salvo el castellano. Y, viviendo en San Diego por aquel entonces, ciudad ubicada cerca de la frontera con México, automáticamente me convertía en el candidato perfecto para ser un chicano.
[…]Durante las siguientes décadas desde aquel incidente, en repetidas ocasiones me han preguntado si soy coreano, peruano, ecuatoriano, mexicano, hawaiano, de Alaska, malasio o japonés (¡parcialmente correcto!), entre otras muchas nacionalidades, grupos étnicos y clanes tribales extinguidos. Es interesante cómo casi nadie ha adivinado por mi físico que soy en parte colombiano. Al final, solo mi acento colombiano es lo que me ha delatado.
[…]No sé cuántas veces, creo que cerca de un millón, habré respondido a la pregunta “de dónde eres”. Para mí, ya no existe una respuesta sencilla porque siento la obligación moral de reconocer y explicar no solo mi herencia biológica sino también la cultural. He llegado a ese punto en mi vida donde no me siento que pertenezco a ningún país o cultura en particular. Al contrario, ¡desearía poder formar parte de diez o más países y llevar encima diez o más pasaportes! Y esto es lo que normalmente respondo a la gente: Soy japonés, colombiano, estadounidense y español. …Sí, ¡LO SÉ! ¿A que es una locura? Ah, y también soy chino chicano.”

Fragmento del primer post de Transculturatus, “Chinese Chicano :: Chino Chicano”

 

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