La segunda noche de la triada musical tocaban los Morning Benders, su onda no es tan distinta de la de Sufjan (Sufjan el amado, Ciudad musical I) Indiefolk, hipsters haciendo música, hipsters escuchándola, yo hipster. Y es que lo hipster abarca un muestrario bastante amplio, va desde la barba abundante y la camisa de cuadros, el hipster de la exterioridad, hasta el que vive más o menos apartado de las olas de consumo y cuya tendencia es renegar de las tendencias, más cercano este al hipster original.

Los Mornig Benders son cuatro chavales de San Francisco que ahora viven en Brooklyn, la suma total de sus edades no da para llenar un siglo y eso se nota con solo mirarles la cara, tan fresquitos que dan ganas de comérselos, tiernos muchachitos revelación que vienen sonando fuerte por estos lares. Tocaron en el sótano de una iglesia librepensadora (qué significará esto) de la que ya reporté algo en el pasado, y aunque el sonido y la iluminación del lugar reproducen una fiesta de escuela secundaria, todo fue como tenía que ir: sin sobresaltos, puro flujo de una agradable normalidad. A pesar de su lozanía van ya por el segundo disco, y Excuses es sin duda un himno, el hit que les encasilla y les exporta, el temazo que todos esperan, por eso abrieron con su melodía como llamada de atención al público, y por lo mismo no lo tocaron completo hasta el final del concierto.

Abandoné los bajos fondos de la iglesia razonablemente satisfecha, pero justo en la calle alguien me comentó que Excuses ahora es el tema que adorna un anuncio de mermelada de cacahuete y por razones que juzgo obvias, no por ello justificadas, la noticia me sentó como si hubieran vendido a su madre. Creía yo que los nenes estos eran de los que no se mezclaban con los malos, creía yo que se conformaban con lo que sacaran de los conciertos en sótanos, trovadores del futuro, y de vender camisetas y algún que otro disco, creía yo que era posible (y duro) mantenerse sin la publicidad. Alguien habló de seguros médicos, el gran problema de este multipaís, alguien habló de imposibilidad de autonomía, de poner los pies en la tierra, de dejarse de piruletas inocentes, alguien tal vez soltó eso de en qué mundo vives o quién eres tú para juzgar, tú alimentada por generosas becas que te permiten habitar una burbujita. Me fui a casa y con urgencia escribí a un buen amigo músico para decirle: espero que nunca te ofrezcan nada verdaderamente gordo, sería durísimo saber cuál es tu precio.

OLVIDO RELLANOS

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