quién vive preguntamos al osario encontrado tras la tranquera
rodeado por moscas por ecos por ínfimos
jets del roce

fue necesario escrutar con delicadeza
las ciegas cuencas visionarias
y profundas del cráneo de un jabalí
con sus colmillos curvos apuntando a la colmena
del cielo que surca una abeja shaolín
sobre la inmensidad de los campos tapizados
de piedras aéreas de blancas hiedras

(lechos ebrios para las lechosas fieras)

quién vive preguntamos ya batracios
y dejamos transparentar nuestros cuerpos
sobre los fotismos de un suelo indeleble
entre los gestos de la grama vuelta gema
o dilatada goma del gemido que responde:

vive el colibrí intermitente
polinizando los mármoles del aire, vive la veloz
miel de la cólera, el colirio de las encías en la Tierra
viven el cuarzo y el soma sobre el lomo
de un tosco animal que huye, vive el insecto
y su anhelo exploratorio cuando en abismos
miniatura zumba: ¡vivan las cuencas
oceánicas y telescópicas por donde nos espía el jabalí!

(de AMEBA MAGA, inédito)

***

empetrolar el párpado darlo vivo
a la rompiente de quién en su ropaje ocre
yace el escape bajo su ogro el papiro inestable de este monstruo
o la capa que cubre el sable y abre
la ubre de aire el oro
que avanza entre las hebras secas
disecadas como vendas que se inflaman
para abrir el hiato el tiro preñado
en la tara de este sino el tiro de sí
la fauna intermedia que brota en la grieta:
el tigre y su tirso el toro y su cuerno
de lianas ardientes las junglas fosfenan
al sol a la sombra en la cal
del enigma basta el ojo un gajo
del espacio una ristra o una zarza aparecida un astro
vierte la suerte la sierpe es el atajo hacia su éter-nido es su aura
de diapasónica muerte en el ajenjo del nervio
en el tremolar ajeno que agita el colmillo
y el brillo de la fiebre en la escama
en la rama del remolino se mece
el papiro se deshace volátil renace
laxo un vampiro invertebrado
hasta lo incorpóreo de un rayón un ala prensil
me crece en esta mueca

(de AMEBA MAGA, inédito)

***

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Percibí esto, astral vejiga, hojeá lento esta rápida huida: tamaña hazaña nos obsequian los apetitos. Es tu densa micción la que convoca nuestros clavados.

Oh riachuelo embrionario de las decantaciones nebulosas, tu faz es nueva en las vísperas de este nado. Un salto y ya los peces nos lustran los cráneos, mientras transitamos como pirañas la ducha celular. Los inéditos terrunios esperan su turno como pacientes hieródulas.

A lo lejos o bien cerca de la piel, sobre el ave glandular que crece en la bencina, las fablas turbas, anfibias se avecinan: justo ahí, donde se catexilian los deseos.

Ya somos grácil pneuma, ay, en el marma curvo de la celestia: quiasmo, lagarta belleza.

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Este cerebro ya no piensa, más bien respira olas. Las traga por la vulva climática cuyo relieve nos roza. La digestión es muda: un flujo de arpones sin filo, de diminutas coronas.

Ya somos grácil pneuma, pero polarizados a tierra. Un yo en llamas, un Yo de más.

Y no quisiera hablar de este yo, pues no es ya más que un pelo fino sobre la sedosa piel de un puma. Un puma que se va, gateando.

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(de ¡AFRODICTUM!)
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LA CASA DE ORTOPEDIA

Hemos dado indefinidas vueltas. Algunos muletólogos ya balbucean, otros acusan un descuidado tartamudeo. Será cuestión de replantear nuestro antiquísimo sometimiento a la carne, a los huesos; sobreañadir un movimiento, un nuevo desplazamiento. Deshuesados, asaltamos un recinto recientemente descubierto. Solicitamos ortopedias: lo totalmente informe es imposible, solo es posible la transformación.

Un establecimiento impetuoso, fortuito como un arpegio vegetal, prorrumpía frente a nuestra mirada. Emergía desde aquellas zonas del desierto en las que las dunas son precedidas por muletas. Avistamos incrédulos el umbral y entramos.

Innumerables cámaras semicirculares, paredes membranosas, maravillosamente quitinosas y decoradas por extraños artefactos, constituían el panorama casi inabarcable. Al poco tiempo de pavonearnos como curiosos moluscos, reconocimos la identidad de aquellos ornamentos: eran prótesis en soberana exhibición, ofreciéndose como derviches a nuestras ahora laxas pieles, como dérmicos fetiches, como chiches opiáceos para una infante adicción.

Desnudos, uno por uno, fuimos cediendo a los cautivantes llamados de este palmar muletológico. Descubrimos sus disímiles tamaños, sus colores: deliciosos dátiles para la mutación.

En determinado momento del decurso, empeñamos nuestros bisturíes y nos acercamos a unas vitrinas que acababan de aparecer en calculados puntos del recinto. Despreocupados, como entrenados voyeuristas, contemplamos el desconocido espectáculo. Del otro lado de estas esclusas, despuntaba una enorme cavidad medular, un espacio vodevillesco que galvanizaba ausencias, hipnotizaba disfunciones, llamaba al silencio. Recostados en los bordes del escenario central, cachorros huesudos roían, entre sus patas, entalcadas prótesis en miniatura. Entre las luces blancas, sobre el escenario, acaeció un cuerpo iridiscente.

Quisimos entrar, nos hicieron entrar.

(de MULETOLOGÍA)

***

JUAN SALZANO nació en Buenos Aires en 1980. Es poeta, performer y profesor de filosofía. Ha publicado los libros Muletología (Buenos Aires, Tsé=Tsé, 2006) y ¡Afrodictum! (Montevideo, La Propia Cartonera, 2010), así como poemas sueltos en revistas y antologías de Argentina, Brasil, Uruguay y Perú. En la actualidad prepara la edición argentina de ¡Afrodictum! para la editorial ALLOX y se enfrasca en la escritura de un nuevo libro: AMEBA MAGA. Pueden visitarlo aquí y aquí.

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