La escena sonora de esta urbe, “Philly is a big city with the heart of a small town”, es diversa y asequible para muchos bolsillos. Variada en estilos y variada en precios, por eso mi semana pasada pudo convertirse en un ejemplo vivo de lo que esto llega a suponer. Tres conciertos, tres días seguidos, tres precios tres. De lo más asombroso a lo anodino. Siempre me gustó el número 3.

Uno. El erotismo de la tarima o el día que me enamoré de Sufjan.

Sufjan Stevens es un músico estadounidense de 35 años. En 2005 sacó su segundo disco Illinois, que aparece normalmente bajo la etiqueta de eso que llaman indiefolk. El disco me obsesionó durante semanas, con las melodías pero también con las letras, cantos a la creatividad del hombre y a su necesidad de expresarse de la forma que sea. Que no nos corten las alas, viene a decirnos. Y se ve que ahora con The Age of ADZ ha querido llevar eso a lo más gráfico de su performance. El tipo se encerró durante muchos meses solo en una casa de campo (sueño de muchos) y compuso una ópera pop llena de colorinchis fluorescentes, ropitas ochenteras y robóticas, plumas también. Teatro-auditorio de 2.000 asientos. Lleno, tercera fila, sí, va a ser que el 3 es mi número. El resultado es el espectáculo total, Sufjan quiere hacernos vivir una experiencia que exceda lo musical (¿cómo se hace eso si la música lo cubre todo?), por eso todos  esos músicos sobre el escenario (unos 8 más unas chicas que forman un coro) se mueven y participan de la epifanía que el profeta Sufjan ha venido a compartir con nosotros.

No me invento nada, esto es lo que allí sucedía o al menos Sufjan decía que sucedía, y si no me creen basta con leer la inscripción que llevaba en su camiseta: Profet. Dos cosas anunció al llegar al centro del escenario y las dos me parecieron oportunas, una hablaba del presente como único tiempo que debía preocuparnos, una especie de carpe diem sin connotaciones irresponsables en el que insistió durante todo el show; la otra se limitaba a desearnos que disfrutáramos del espectáculo, tanto como para que cuando uno salga por la puerta pueda considerar su dinero bien empleado.

Sufjan es además de un músico virtuoso, verle desde tercera fila eriza hasta los pelillos de la nariz, un tipo que parece creer plenamente en lo que hace y en lo que se puede hacer. Voluntad y talento no dominados por nada porque el profeta tiene fe en las inmensas posibilidades del arte para cambiar la vida.

OLVIDO RELLANOS

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