Peregrinos del cemento: La urbe descastada amamanta indiferente a quien se acerca a ella. Apenas siente el cambio del tacto de unos labios a otros, sencillamente fluye. Nosotros, desvaríos, salimos a su encuentro víctimas del ansia; siempre queremos más. La urbe no se cansa. La urbe no descansa. Remienda las grietas abiertas en su piel por la succión; lo hacemos sin querer hacerle daño pero el propio ejercicio de delicadeza apoyando los labios sobre el pezón erosiona hasta la urbe más curtida. Uno tras otro pasamos, llenamos de otra piel nuestra lengua, sentimos caer el interior de la urbe en nuestro interior y continuamos el camino, dejando paso al siguiente. Extraño ritual en el que cada uno asume su papel y lo comparte de modo que no es suyo, ya es de otro. [POR cHeChU]

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UN AÑO MÁS FRECUENTANDO CAMINOS, EXPLORANDO URBES. Un año más con Olvido Rellanos, Pablo Moíño, Julia Genau, Edgardo Dieleke: colaboradores infalibles, incansables, imprescindibles. 35 mil vistas, 35 mil clics. Y seguimos contando. Nos lavamos ahora la cara, recapitulamos con ustedes, les animamos a que sigan visitando esta web que nunca muere, sino que se reinventa: la urbe se acicala, y con ella Lía y Violeta quieren darles las gracias. Quieren también pedirles que colaboren, si les apetece y sobre todo si lo necesitan: frecuenciaubre@gmail.com. ¿No quieren también visitar nuestra nueva galería de enlaces = dehors?

Pero antes, unos anuncios: durante este último año, un poco a nuestras espaldas, varios de nuestros edificios han decidido unirse y fusionarse. Hemos resistido hasta donde nos ha llegado la razón, pero después de mucho pensar, nos hemos dado cuenta de que estos nuevos lugares de trabajo dinamizarán el espacio y pausarán el tiempo: ¿para qué separar la música del espectáculo, si podemos disfrutar de ambas simultáneamente? Corremos la cortina y damos la bienvenida a MELORAMA. ¿Y quién dijo que la fotografía no es arte? Ahí tendrán la nueva y rítmica KUNST, que incluirá imágenes tan infalibles como las que asiduamente nos envía Guatuncle. Sin embargo, los terrenos no se pueden desperdiciar y las urbes siguen creciendo, reconociendo e intentando subsanar sus carencias, y por ello en esta tercera temporada no hemos querido desaprovechar los espacios que las nuevas fusiones han dejado. Cortamos entonces la cinta e incorporamos un mundo de sensaciones donde el sentido del gusto viene a convertirse también en arte. Aparece así con apetito y ganas de comerse urbes y embriagarse con frecuencia: URBOFAGIA.

Esperamos que disfruten con cada una de las novedades y experiencias que durante el próximo año queremos compartir con ustedes. Empezamos.

UNA DE LAS COSAS QUE MÁS ME FASTIDIARON aquella primera noche en el calabozo, por encima de la irresponsabilidad de la denuncia o del ridículo afán de protagonismo de la vigilante de seguridad, y casi al mismo nivel que la manifiesta ordinariez de un menú —galletas María y zumo de melocotón— que aún se repetiría varias veces más entre el domingo y el martes, fue el comentario de uno de los policías que cada cierto tiempo venían a abrirme la puerta de la celda para que fuera al baño. Allí todo el mundo, los de dentro y los de fuera, hace la misma pregunta: «¿Y tú por qué estás aquí?». Ese policía, en cambio, tuvo menos tacto o fue más sincero, quién sabe, consigo mismo: «¿Y tú qué has hecho?». «Nada», le robaron la cartera a un señor en el metro y creyó que había sido yo». El poli, con cara de tú a mí no me engañas, sonrió y me dijo: «Eres carterista, ¿eh?». Me dieron ganas de escupir: «¿Y entonces para qué preguntas?» seguido de vocativo, pero no tuve valor y simplemente repuse: «No». Entonces él, levantando el dedo índice de la mano derecha, habló muy serio por última vez: «Aquí no hay nadie que no haya hecho nada». Después quedó en silencio e hizo girar la llave. Yo me di la vuelta y entré. Serían las tres o las cuatro de la mañana. […]

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LA HISTORIA REAL DETRÁS DE Sierras del desorden (2006), del director brasileño Andrea Tonacci, es acaso demasiado inverosímil para ser cierta. Antes de poder presentar algunas de las genialidades de esta extraña y bellísima película es preciso aunque sea hacer creíble parte de su argumento. Serras da desordem sigue a un personaje que invadió los noticieros y la prensa gráfica a fines de los años ochentas en Brasil. El hombre en cuestión es Carapirú, un indígena del norte de Brasil quien tras haber sido perseguido por hacendados que habían aniquilado a su familia, recorre más de dos mil kilómetros por las regiones más aisladas del Brasil. Pero esa increíble distancia en realidad se debe no ya a la extensión del país, sino a la ocupación de las tierras y a la deforestación masiva así como al “progreso” del país. Sin embargo, más que esto, lo inverosímil de esta historia real es que Carapirú es un indio que a pesar de cierto contacto con la civilización, no entiende portugués y es casi completamente “bárbaro”. […]

SUPONGO QUE A ESTAS ALTURAS DE LA ANDADURA CIBERNÉTICA todos saben cómo se liga por internet, pero la cuestión es precisamente esta: el acto no necesariamente se consuma (o sea, no se liga) y lejos de hacerlo, puede convertirse en una serie pesadillesca (ni tanto, dejémoslo en mal sueño) de encuentros conectados por la versión más desesperada del tedio. Empieza la cena –me cuentan, no lo digo yo, así que es cierto-, las preguntas surgen como si fuera necesario creer que se están haciendo una entrevista. Por suerte, mi informante asegura que la frase “háblame de ti” no se usa como en las pelis (¿será cosa de nuestro querido y eterno doblaje?) y que más bien las fórmulas son del tipo “¿de qué parte de la ciudad eres?” en el caso de haberse confiado previamente y vía chat las respectivas procedencias, o algo parecido a “¿cómo es el lugar donde te criaste?”, lo que permite el vuelo del pájaro (y el del eunuco), y hace posible convertirse en un improvisado trovador de la infancia, éxito asegurado. […]

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St Mary

a man with a man
a man with a spoon
a man with a spoon
a virgin
and with a spoon
a virgin
and unicorn
a spoon, a virgin, and unicorn
and a virgin
and unicorn
and a unicorn
and a mermaid
and a mermaid
with a mermaid
with a mirror
mermaid with a mirror
a mirror with a mirror

[…]

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QUE SÍ, TÍO, QUE ES MUY FÁCIL, que viene en la Wikipedia, tú métete en google, en serio, que no tardas nada, y luego hablamos, que ahora tengo que estudiar. […] Ya, ya sé que tú también, pues mejor me lo pones. […] Bueno, pues si ya lo has visto ahí no sé qué quieres, te lo miras despacio y ya está. […] ¿Qué alemán, el que se lo hizo en siete segundos? […] Ese era holandés. […] No, no, no, holandés seguro, uno con camiseta naranja, rubio. […] Que sí, que sí. […] ¿Y has visto tú el del italiano que se lo hace con los pies, con música de Benny Hill de fondo? […] Buah, lo ves y flipas. […] No sé, ya no me acuerdo, a mí me salió en «imágenes de google», en la primera o la segunda. […] Luego hay una entrevista a uno que se dedica a hacerlos en relieve, para ciegos. […] Sí, sí, que los fabrica él, vamos. […] Y luego hay otro tío que los hace con letras en vez de con colores, formando palabras, «oso», «luz», «río» y eso, pero en inglés, como crucigramas, y le han dado no sé qué premio. […] Sí, sí, y hay otros con más cuadraditos, cinco, siete, diez, y con otras formas, y con números, buah, de todo. […] No sé, pentágonos o así, yo qué sé. […] Ya, ya. […] Sí, un húngaro, como hace treinta años o así, pero creo que la idea era de otro. […] Sí, de uno americano, que lo hacía con imanes, me parece. […] Bueno, pues nada, si ya has visto todo eso busca las instrucciones para hacerlo, que también están ahí, y lo haces y mañana me cuentas. […] Que nooo, que lo de la notación no es tan chungo, de verdad, al principio parece chungo, pero no, son seis letras, te las aprendes y punto, F frente, T detrás, A arriba… […] Ya, ya sé que sabes leer, bueno, hombre, bueno, cómo estamos. […]

LA CIUDAD, NUESTRAS CIUDADES, ESTÁN ENFERMAS, no hay más que ver una calle de cualquiera de los barrios periféricos para corroborarlo (la fantasmal Sanchinarro sin ir más lejos) o intentar tardar menos de dos horas diarias para moverte de tu casa al trabajo. Vivir en el centro es un lujo. Habría que preguntarse por qué nos gusta tanto (encontrar un portal cada 20 metros, ir andando a por el pan, poder jugar en la calle) y sin embargo las nuevas construcciones apuestan por la antítesis absoluta (manzanas cerradas con su patio atrincherado y ajardinado para que a nadie se le ocurra salir a jugar a la calle y con un portal por más de 100 metros de fachada a la cual accedes en coche). Es imposible que todos vivamos en el centro pero merece la pena pararse a pensar en si los nuevos  espacios públicos que se proyectan hoy son los restos que deja el espacio privado, porque al final es la calle una de las herramientas más potentes para humanizar y vivir la sociedad. […]

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DICEN, Y AHORA QUIEN HABLA ES la voz de la Historia, que Puerto Rico pasó de manos españolas a estadounidenses y en medio pasaron poco más de veinticuatro horas de autonomía. Dicen. Dicen. Dicen y esto que sigue quiere contribuir al cúmulo de malas lenguas que se topan, viven o provienen (sobre todo que adoren el país pero consigan entreverle las penurias) de un pedazo de tierra que en los últimos cinco siglos fue libre un día. La posibilidad de su independencia parece tan poco plausible como la de recorrer la isla en bicicleta, por suerte siempre habrá quien lo siga intentado todo por la emancipación de esa naturaleza poderosa que se come las aceras, donde las secadoras a seis velocidades despiertan a la rana local que hasta el amanecer canta un cómodo ruidito que la bautiza, coquí, coquí, coquí. […]

NOS VOLVEMOS LOCOS. Yo, hombre; tú, sombra. En los espejos del manicomio los contornos de las mujeres perdidas. Las cabelleras que salen gritando de los gabinetes de cita. Odette con una enfermedad blanca en los ojos. Suzenne, con un seno cortado, pero que todavía es su seno, su amante. Ivette y su pierna de caucho con la que tiene conversaciones dolorosas. Ivette, sus largas uñas de primavera arañan los listones del cielo, las nubes también de goma del cafard. Ivette, líquida en el espejo o alta en las orquídeas. Perdida del día, atardecida. Baja en la sombra. Ivette vuelve la noche música cerrada. Sus manos desveladas toman el silencio de las fuentes, el vago amor. Los ojos de Ivette se abren a la altura de las flores. Suben la línea del perfume, el harén del aire. Ivette, delgada en la luz; el vaivén de su cuerpo serena los celajes. Desde las nubes a un temblor nocturno, el cuerpo de Ivette arde. Tomaría la continuidad del color que ella dispone para el goce y para el crimen. […]

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HAY QUE IMAGINARSE EL ESCENARIO: los días todos iguales del Polo Sur, una atardecida eterna que arropa de desvaído azul un universo frío, plano y desamueblado. En el espacio que nos interesa recortar tal vez se puedan suponer, además de la superficie helada y blanca, tres o cuatro pingüinos a lo lejos, si acaso en un ángulo a la izquierda los deshilachados amagos amarillos de una aurora boreal. Poco más. Y frío, un frío abstracto y desacostumbrado para los termómetros.
Pero en el centro de la escena está el iglú, como una redonda y rotunda provocación. Y en su interior, la historia: despaciosos sucederes presididos por el calor. Los padres se aman desnuditos bajo las blanquísimas pieles de oso, la abuela come a lentos puñados de un pescado blanco salpicado de rojo intenso en las agallas, y el hijo entretiene su mirada en el alegre bailoteo de las llamas en el fuego del hogar. Esa contemplación ensimismada le ocupa todas las horas; hay poco colegio por esas latitudes. […]

SI EL ARTE SE ENTIENDE COMO UNA TÉCNICA, los artistas dejan de ser ese gremio bohemio y autodidacta que crea desde la intimidad de su estudio y su ego. Clases, disciplina, rigor, conocimiento de los materiales, manejo de la técnica. Por decreto de Lenin en 1920 la escuela Industrial de Stroganov y la escuela de pintura, escultura y arquitectura se funden en una y dan lugar a la VJUTEMAS, que junto con la Bauhaus conformarán los dos grandes iconos de escuelas de diseño del siglo XX, sobre las que todavía hoy se asientan nuestras escuelas de arquitectura y diseño. El elenco de profesores es insuperable: Tatlin, Rodchenko, Popova, Malevich, Lissitzky, Mélnikov, Klutsis, Stepanova… pasaron por sus aulas impartiendo clases de metalurgia, textiles, teoría del color, geometría descriptiva […] Lo cierto es que las aulas estaban bastante lejos de la realidad de las fábricas, las primorosas tazas puzzle de Malevich no eran rentables a la hora de llevarlas a la industria… ¿Entonces? La realidad es que las bases del diseño de hoy en día siguen bebiendo de estos artistas visionarios, que elevaron el arte a la condición de necesidad básica para la vida cotidiana. Que aún hoy esta batalla siga estando perdida no quiere decir que el debate haya quedado resuelto. El arte no es, o no debiera ser, un artículo de lujo. […]

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RESULTA CLARO QUE HACE ALGUNOS AÑOS, al menos en términos de guión, lo más interesante ya no sucede en Hollywood. Los grandes relatos que con éxito Hollywood supo vender en su época dorada, e incluso en los algo cutres 90s, se trasladaron hace tiempo a la TV. Y si uno hace un repaso de las series más exitosas, podría decirse que empezaron casi sin guión, como Seinfeld y Friends (claro que era algo más difícil hacer estas comedias… claro que había guión) y que la fabula fue ganando terreno. Y así uno puede mencionar grandes sagas, en las que el punto fuerte está en el relato, allí donde parecía que las historias ya estaban todas contadas. Pero la necesidad de relatos parece ser cíclica… como las crisis financieras, y uno va adaptándose y el gran público se vuelve adicto a esa necesidad de ciertos relatos que ordenen un poco más el tiempo libre. Y creo que de ahí salen las series a la Soprano, dando una vuelta más al género más desgastado y parodiado en Hollywood. Pero los gringos, una vez más en su reinvención del relato (durante el siglo XX podría decirse que han conseguido construir el relato con menos grietas…), contaron de nuevo la misma historia. […]

 

 

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