Hace tiempo topé, en las hojas de guarda de un manuscrito del siglo XVII, con la siguiente receta: “Lamedor de peonía, una onza; lamedor de limón, otra onza; confección de jacintos y polvos de piedra bézar (bezoar); triaca de esmeraldas”. El lamedor (agua espesada con azúcar) de peonía (planta de origen asiático) era un jarabe utilizado como antiepiléptico, purgante, laxante, curaba el asma y la gota. El lamedor de limón aliviaba la cirrosis y actuaba como un antigripal disminuyendo las altas fiebres. La confección de jacintos se utilizaba como sedante. La piedra bezoar solía encontrarse en las vías digestivas y urinarias de algunos mamíferos y se le atribuyeron propiedades antiespasmódicas y sedantes, así como curativas contra el dolor de vejiga y riñones. La triaca de esmeraldas se empleaba contra mordeduras de serpiente y la peste. Toda esta retahíla pudo ser el tratamiento aplicado a alguien que tuvo la peste, que sufrió ataques epilépticos o que simplemente atravesó un proceso gripal común. Pero ¿y si les dijera que podría tratarse de una poción para curar a los endemoniados utilizando todo este tipo de antiepilépticos, o bien para reprimir el deseo sexual a través de las propiedades de las piedras esmeraldas? Alquimia, instrumentos de tortura, venenos, drogas medievales, cosas de brujas y duendes, lo pueden encontrar en la exposición de Bruxaria e criaturas fantásticas, en el Centro de Exposições Freeport (Alcochete, Portugal) hasta el 19 de diciembre. Si tienen oportunidad, no dejen de ir; experimentarán esta y otras sensaciones parecidas que les dejarán con más de un escalofrío.

Texto: Mp

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