Dicen por ahí que puerto rico es el país con los índices de consumo energético más altos de todo el Caribe (por habitante, se entiende), miren miren el espectáculo de luces y sombras que regala el mapa.

Dicen que el automóvil ha suplantado a las monótonas piernas y que burriquín llena los hogares-coches de grasa y refrescos extra large.

Dicen -escucho que dicen- también que al ser una colonia (perdón, un estado -tan- libre -como- asociado) encierra lo peor de dos mundos.

Dicen, y ahora quien habla es la voz de la Historia, que Puerto Rico pasó de manos españolas a estadounidenses y en medio pasaron poco más de veinticuatro horas de autonomía. Dicen. Dicen. Dicen y esto que sigue quiere contribuir al cúmulo de malas lenguas que se topan, viven o provienen (sobre todo que adoren el país pero consigan entreverle las penurias) de un pedazo de tierra que en los últimos cinco siglos fue libre un día. La posibilidad de su independencia parece tan poco plausible como la de recorrer la isla en bicicleta, por suerte siempre habrá quien lo siga intentado todo por la emancipación de esa naturaleza poderosa que se come las aceras, donde las secadoras a seis velocidades despiertan a la rana local que hasta el amanecer canta un cómodo ruidito que la bautiza, coquí, coquí, coquí.

Diez días en Puerto Rico dan para al menos llenar unas líneas con preguntas que consiguen desbordar el agua que acota la isla.

1. ¿Qué es hoy una nación y para qué llamar así a los lugares que pisamos?

El Caribe, Antillas Mayores y Menores, dibuja una sábana moteada de lenguas, etnias y trayectos que si tienen algo en común es la resistencia a la palabra nación. Y sí, esto está muy bien, porque claro, ¿qué es el Caribe?, ¿un conjunto de islas? ¿Y eso qué significa? No hay unidad cultural ni histórica, por ello Nación Caribe no suena muy ajustado. ¿Y si nos atenemos solo a la geografía? ¿Islas Caribeñas? Tal vez, pero su nombradía -bella palabra-, ¿qué representa, qué implica? Trozos y trocitos de tierra separados y unidos por la misma cosa: el mar. Máxima aporía, (Paget Henry trata este asunto en Caliban`s reason) problemática indefinición que me recuerda -salvando las distancias acuosas- a España y no sólo, pues la pregunta que debería coronar este epígrafe número 1 quizá sea ¿qué nación no encuentra su punto de fuga que lo aleje de su propia definición? En ningún lugar adquiere una significación totalmente compacta porque la sola creación de la realidad “nación” implica una categorización, una descripción que la define, pero definir es tomar decisiones, y tomar decisiones es de por sí un método que excluye. Siempre hay algo por fuera de la nación, algo que no encaja y que la contradice, y esto vale para cualquier lugar donde se quiera aplicar. Entonces, bueno, entiendo que no sea una etiqueta útil para hablar del Caribe, pero creo que al mismo tiempo puede ser tan útil como en cualquier otro rincón del mundo, siempre que se conciba como categorización normalizadora que usa como medio el lenguaje, conjunto de datos con una lógica propia particular y por ello limitada.
Desde que estado y nación no coinciden, o sea, desde que somos uno para todos y todos para uno, we global, yes indeed, las antiguas clasificaciones no nos sirven y debemos buscar algunas más acordes con nuestro mutante decurso.

2. ¿Hay lugares que son mas absurdos que otros o todo depende del ojo que vigila?

Durante mi estancia en Borinquen, nombre indígena para la isla, me propuse registrar hechos y datos que a mi buen, sano y justísimo parecer se presentaran como absurdos, incongruentes, contradictorios e incomprensibles y por todo ello maravillosos y estupendos. Trasladaré aquí sólo algunos hits isleños que ahora logro recordar y que extraigo de una lista mental que se llamó “Absurcity”.

a)El mismo tramo en una carretera de peaje puede (tranquilamente) no costar lo mismo en las dos direcciones.

 b)En el viejo San Juan no hay servicio de reciclaje de basuras. Si quieres enrollarte con el planeta, debes almacenar en casa y de una coger el coche para tirar tus desperdicios reutilizables. Pero, ay qué suerte, en una pequeña playa de este mismo barrio encuentro un mini zafacón (mini cubo de basura) que indica que allí puedes reciclar tu hilo de pescar.

 c)Una chica de unos veinticinco años me para al pasar y me pide por favor que introduzca su tarjeta de crédito en la ranurita del cajero “es que con las uñas (postizas) no puedo”. Y esto que escribo es completamente real, forma suprema de la ficción.

3. ¿Cuánto plástico cabe en una vida?

Esta pregunta se siluetea la más difícil y rebuscada, por ello y dejando de lado recipientes como tetas o uñas, la responderé con la enumeración de los objetos encontrados en una sola casa, en un solo armario, valga como regla general que promueva abiertamente el estereotipo como rasero medidor de costumbres de un pueblo (qué terrible, ¿no?) usando plástico como categoría que encierra distintos materiales altamente tóxicos, contaminantes, innecesarios y feos. A saber: paquetes y paquetes de cubiertos (de plástico), vasos, platos, tuppers de usar y tirar, mantelitos individuales, varias bolsas de bridas, cajas llenas de cubiteras sin estrenar, una especie de pequeños marcos para regalar y poner dentro fotos tamaño carnet. Bolsas de gominolas de colores improbables, estuches para… qué. Ay, como si esto no pasara en toda casa de vecino, ¿verdad?

Queda mucho por decir de lo que cupo en diez días. Además de la belleza natural que lucha contra el asfalto, me dejo sin siquiera rozarla otra lucha que pululó constante hasta el día de partir y que permite además tender nuevas ramas de reflexión y hasta de esperanza, no en que el sistema cambie, sí en que el espíritu de lucha del ser humano no sea aún extirpado de la tierra. Sin duda la huelga que los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico han batallado y cultivado (hasta huerto habían plantado en el campus) durante casi dos meses es carne de otro post que quizá alguien se anime a colgar.

OLVIDO RELLANOS

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