Un público, un árbitro, dos equipos y algunas reglas. El resultado será un espectáculo teatral irrepetible –improvisado-, al igual que las jugadas del equipo E en un partido cualquiera. Los componentes de cada equipo, actores muy competentes que vestirán una camiseta roja o verde, habrán ensayado cómo jugar (i.e. cómo improvisar), al igual que ensayan los deportistas, pero el tema del juego se le ocurrirá a usted antes de entrar en la sala. Lo apuntará en una hoja preparada al respecto y, si es del agrado del árbitro o del azar, lo verá puesto en escena.

Pero aquí no acaba su misión, señor del público, ya que habrá una diferencia fundamental con un partido cualquiera: usted no se limitará a animar a su equipo, sino que podrá juzgar si la jugada merecía acabar en gol o no. Para ello, al inicio del espectáculo le serán entregados una tarjeta de dos caras, una roja y otra verde (si es usted daltónico, pida ayuda al señor o a la señora del público de su derecha o izquierda; al de delante o al de detrás le resultará ligeramente más complicado, pero no seré yo quien le coarte su libertad de preguntar). Pues bien, decía que le serán entregados la mencionada tarjeta y, además, un objeto blando y arrojable. La primera deberá utilizarla para votar al equipo que mejor haya improvisado. El que reciba mayoría de votos, se llevará un tanto. El objeto arrojable le servirá para pitar falta, es decir, para protestar cuando algo de lo que suceda en el campo (es decir, la patinoire) le parezca desde malo a deplorable.

            Ahora es su turno, señor del público. No le hemos explicado las reglas ni el funcionamiento total del espectáculo porque eso deberá descubrirlo usted. Nosotros lo hicimos el viernes pasado en un salón de actos en Hortaleza con el grupo de teatro Impar (improvisadores arrepentidos), pero le retamos a que indague y busque cuándo y dónde será la próxima actuación. Si encuentra otros grupos improvisadores, cuéntenoslo. Después de todo, señor del público, usted ha empezado a ser una pieza fundamental del espectáculo. ¿Acepta la misión?

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