Ivette

Nos volvemos locos. Yo, hombre; tú, sombra. En los espejos del manicomio los contornos de las mujeres perdidas. Las cabelleras que salen gritando de los gabinetes de cita. Odette con una enfermedad blanca en los ojos. Suzenne, con un seno cortado, pero que todavía es su seno, su amante. Ivette y su pierna de caucho con la que tiene conversaciones dolorosas. Ivette, sus largas uñas de primavera arañan los listones del cielo, las nubes también de goma del cafard. Ivette, líquida en el espejo o alta en las orquídeas. Perdida del día, atardecida. Baja en la sombra. Ivette vuelve la noche música cerrada. Sus manos desveladas toman el silencio de las fuentes, el vago amor. Los ojos de Ivette se abren a la altura de las flores. Suben la línea del perfume, el harén del aire. Ivette, delgada en la luz; el vaivén de su cuerpo serena los celajes. Desde las nubes a un temblor nocturno, el cuerpo de Ivette arde. Tomaría la continuidad del color que ella dispone para el goce y para el crimen.

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He venido al mundo desde donde naces en línea; he llegado con tus ojeras. Voltea la noche y me verás en las colinas del alba, entre tus brazos, en la corriente interior de tu piel. Me siento un predestinado de la media luna en el diálogo con Venus. Podría hacer de geometría: exaltación. Tú me conduces a un lugar por el que jamás he caminado. Pierdo el íntimo equilibrio que ya es tuyo. Puedo jugar con tu destino como con un cabrita. A mi antojo y deleite en el crimen rosado de tus uñas.

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Anoche fuiste noche. Mi mismo sueño. Saliste de mí como de una ducha. Yo tuve el sentido del agua en tus costados. Recién, fuiste tú salida de mí. Vuelta a mí. En mí. Antes nunca habías sido. Te sentí en tus lentos pies. En tu apenas tierra después de nuestro goce.
La oscuridad de tu vientre me limitó en paraíso. Yo sentí miedo peludo, sexual, de carpa de circo en soledad.
Tu goce es el único misterio que quiero poseer en sismógrafo.
El goce de la mujer es tan fino, que puebla al hombre y pasa sus tejidos mejor que los rayos X.
Yo no sé hasta dónde se me fuga la mujer en el goce.
Siento celos de las condiciones sexuales del hotel.

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Xavier Abril nació en Lima en 1905. Su libro Hollywood fue publicado en Madrid (1931) con el subtítulo Relatos contemporáneos y constituye una recopilación de varios textos nacidos de sus viajes por Europa.

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