Y aquí llega la segunda parte del paseo. Hasta el momento, este era un paseo convencional en el que se mostraba lo que uno puede esperar (en mayor o menor medida) de una ciudad europea. Sin embargo, una de las cosas que caracteriza a Berlín, es cómo la forma más acostumbrada para hacer arte (museos, edificios, etc.) no ha monopolizado el espacio. Todas las grandes piezas y estructuras conviven con una arte callejero de mucho más peso que en otros lugares. Solo hay que acercarse al Muro y ver cómo se ha pasado del dolor al arte para hacer arte con ese mismo dolor. En el East Side Gallery, la parte de muro mejor conservada de Berlín, 118 artistas de 21 países diferentes reciclaron (cuando aún no se separaba en azul, amarillo y verde), convirtieron y dejaron un dedo de sí mismos plasmado en una parcela equitativa de muro. Sicodelia, realismo, simpleza, fantasía, ahogo, pena… de nuevo miles de sensaciones, aunque esta vez al aire libre, sobre un soporte que a la vez soportaba demasiada rabia. ¡Qué paradoja! Es que hay días que somos muy tontos. Menos mal que siempre la perspectiva da vueltas de tuerca a la Historia.

Pero no todo acaba en el Muro. Es solo una parte de un todo. La máxima expresión y riqueza cultural, lo que diferencia a Berlín de otras ciudades europeas, es el aire de culturalidad que se respira en lugares como la Kunsthaus Tacheles, la okupa más famosa donde tras la caída del Muro una serie de artistas se unieron con el fin de llevar a cabo sus proyectos artísticos. Su éxito, gracias a la espontaneidad y autonomía, le ha dado fama, reconocimiento y diferentes subvenciones para que cada artista pueda llevar a cabo su proyecto. La gracias de Tacheles está en que se descubre aunque no se quiera. Uno va andando por Oranienburger Strasse y de repente se tropieza con ella. Una agujero altísimo hace las veces de puerta y asoma una muestra de este museo callejero. Y uno está obligado a entrar porque la curiosidad mató al gato y el ser humano, unos más que otros, es cotilla por naturaleza. Entonces vuelve a bloquearse. Un espacio enorme enorme está dividido por parcelitas que hacen las veces de taller donde cada artista vive su obra y vive su vida, claro. Tacheles te deja participar en el proceso de creación de las obras, te deja ver cómo crecen, cómo se trabajan y cómo llegan a su resultad final. Muchas técnicas diferentes y muchos materiales enseñan todas las posibilidades con las que puede jugar el arte más moderno, no cansado de ideas, ni menos revolucionario que el de otras épocas.

Perderse en Tacheles o en los alrededores del Muro es una de las maneras más particulares de visitar Berlín, una ciudad de excelencias y de grandes artes encubiertas.

El texto lo escribió Lía R.; las imágenes son del Muro y de diferentes lugares de Tacheles

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