La historia real detrás de Sierras del desorden (2006), del director brasileño Andrea Tonacci, es acaso demasiado inverosímil para ser cierta. Antes de poder presentar algunas de las genialidades de esta extraña y bellísima película es preciso aunque sea hacer creíble parte de su argumento. Serras da desordem sigue a un personaje que invadió los noticieros y la prensa gráfica a fines de los años ochentas en Brasil. El hombre en cuestión es Carapirú, un indígena del norte de Brasil quien tras haber sido perseguido por hacendados que habían aniquilado a su familia, recorre más de dos mil kilómetros por las regiones más aisladas del Brasil. Pero esa increíble distancia en realidad se debe no ya a la extensión del país, sino a la ocupación de las tierras y a la deforestación masiva así como al “progreso” del país. Sin embargo, más que esto, lo inverosímil de esta historia real es que Carapirú es un indio que a pesar de cierto contacto con la civilización, no entiende portugués y es casi completamente “bárbaro”. Así, el punto de partida es en algún sentido la clásica oposición entre dos modos de vida, entre una civilización basada en el progreso y la oposición con un modo de vida “natural” que ya parece perdido. Y claro, lo mejor del material con el que cuenta el film es que Carandirú es real, hay mucho material de archivo sobre él, y ahora, más de quince años después de aquel recorrido, el film reconstruye aquel viaje inicial, desde su selva, hasta Brasilia.

¿Pero cómo es exactamente aquel viaje? Aparentemente, Carandirú y su familia, quienes vivían en la selva, fueron masacrados por hacendados, y el fue uno de los pocos sobrevivientes. Tras conseguir escapar, deambula por Brasil, bordeando la civilización, hasta que permanece en un pequeño poblado rural, amparado por una familia. Ese contacto sin embargo, no es suficiente para que termine de adaptarse a otro modo de vida. Tras un tiempo, la Fundación de protección al indio, cuya política es discutible a partir del desarrollo del film, lo encuentra allí y lo lleva primero a Brasília, para indagar sus orígenes, y luego a una reserva donde aún permanecen protegidos otros indígenas de su misma tribu.

De cualquier manera, más allá del viaje, lo más interesante es el trabajo del director, quien consigue hacer un película híbrida, transitando un entre-lugar que coloca a Serras da desordem en un espacio extraño entre el documental, la ficción y el ensayo. Las imágenes iniciales (luego retomadas hacia el cierre del film) muestran al protagonista, Carapirú, encendiendo un fuego, desnudo y solo en medio de la selva, apelando al lenguaje documental. Asimismo, el film comienza a intercalar escenas como esta, en blanco y negro, con registros en color, hechos con una cámara digital actual, recreando por momentos instancias ficcionales. Los primeros treinta minutos del film son desconcertantes, y dejan al espectador con una extraña sensación que es mejor no adelantar. Más adelante, con el correr del guión, comenzamos a entender quién es Carapirú, y también, con impresionantes imágenes de archivo muy variadas, junto a recreaciones de aquel viaje real, se torna algo más clara la genial tarea del director. En un momento en el que el cine documental está atravesando transformaciones que lo colocan en el centro de la innovación cinematográfica actual no sólo en Brasil, Serras da desordem es un film clave para revisar estas operaciones. Acá les dejamos el trailer, que algo nos deja ver de este imperdible material.

EDGARDO DIELEKE

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