Lhasa de Sela (1972-2010).
Hija de un mexicano profesor de español y de una estadounidense actriz y fotógrafa, Lhasa vivió los primeros años de su vida entre los Estados Unidos y México. Los recorridos incesantes fueron siempre en familia y a bordo de un autobús escolar. A los 13 años cantaba en un café griego de San Francisco temas popularizados por Billie Holliday y a los 19 ya estaba establecida en Montreal, cantando en bares. Allí grabó su primer disco, La llorona (1997). El éxito de este álbum la convirtió en una sensación internacional.

El álbum La llorona cosechó rápidamente importantes premios, como el Quebec Félix Award “Artiste québécois – Musique du Monde” (1997) y el Juno Award “Best Global Artist” (1998), también canadiense. La influencia mexicana, evidente en el título, se deja sentir a lo largo de todo el álbum, tanto en las versiones de canciones tradicionales como en las propias, que son la mayoría. Pero el sello característico de su peculiar sonido proviene de la extraordinaria mezcla de elementos diversos (como los aires gitanos y de oriente medio, entre otros) sabiamente armonizados en los arreglos de Yves Desrosiers.

Lhasa estuvo de gira hasta el año 1999, en que decidió viajar a Francia para reunirse con sus hermanas en la compañía de circo Pocheros. Establecida por un tiempo en Marsella, comenzó de nuevo a escribir canciones. Ese material dio forma a The Living Road, un álbum de canciones en español, inglés y francés, que apareció en Montreal en el año 2003. A la variedad de lenguas, se suma la de melodías, con una Lhasa igualmente contundente en una ranchera así como en una canción de cabaret francés. Siguieron más giras y un importante premio, el BBC World Music Award “Best Artist from the Americas” (2005).

Su tercer y último álbum, Lhasa, apareció en abril de 2009. Este es un disco de madurez, en el que Lhasa lleva las riendas de todos los aspectos del proceso, puesto que escribe, compone y dirige. Además, la valiente opción de grabar los temas en vivo le da a su música un matiz especial, esa sensación difícil de describir pero fácilmente reconocible de estar frente a música hecha por músicos y no por ingenieros de sonido y productores.

Lhasa nos dejó el día 1 de enero del 2010. Sirva este texto como homenaje.

José Luis Gastañaga

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