Cristina Campos Pérez (Barcelona, 1978), diseñadora gráfica, maquetadora y, por fin, después de muchas idas y venidas, pintora de profesión, da forma a sus ideas mediante la técnica del óleo. Hoy nos abre su taller y nos enseña su forma de trabajar, su metodología constructiva y sus preferencias artísticas:

“Mi base son los sentimientos, soy una persona muy emocional e intento transmitirlo a través de mis pinturas. Me gusta capturar la armonía y la belleza y suelo ser realista a la hora de pintar; la abstracción no la descarto, pero de momento me atrae menos. Cuando estoy pintando intento mezclar los colores tal y como los siento, me dejo llevar y sin pensar, voy pintando hasta que veo el trabajo hecho.”

Así define su proceso de creación: “primero busco imágenes que despierten algo en mí, normalmente fotografías que yo misma he hecho, o también de mis familiares. Empiezo manchando el lienzo con un color base, normalmente tonos azulados o terrosos, en función del cuadro concreto. Después hago un boceto rápido, lo fijo y ya lo dejo listo para poder empezar mi cuadro unos minutos después. El óleo no es una técnica de secado rápido, por lo tanto, para poder acabar un cuadro no lo puedo hacer en un solo día, pues necesito que el cuadro repose, se seque, y así poder seguir pintando capa a capa sin ensuciar la tela. Dependiendo del cuadro puedo tardar más o menos días en acabarlo, aunque evidentemente siempre soy yo la que decido cuándo lo he terminado y siempre me cuesta ponerle fin, porque soy bastante perfeccionista”.

Actualmente, Cristina Campos pinta por encargo, aunque le gusta también pintar por placer, por ejemplo, escenas marinas, costumbristas y sobre todo retratos: “Cuando recibo un encargo me gusta conocer cosas de la persona o el lugar que voy a pintar, para así poder involucrarme más. De esta forma siento más lo que pinto. Con algunas obras he llorado mientras pintaba, porque la imagen original me ha transmitido ciertas emociones. También suelo pintar con música, porque me hace sentir aún más la pintura, y muchas veces sigo el ritmo de la música con los trazos, me dejo llevar; es una sensación fantástica. Me gusta la idea de estar esculpiendo en el lienzo, y de hecho, esto se aprecia durante el proceso de evolución de cada pintura. Muchas veces al acabar de pintar tengo una extraña sensación y pienso ‘¿Cómo he podido hacerlo?’”

Cuadros:

El Buda fue su primer cuadro, con el que descubrió su fascinación por la técnica del óleo.

El nen i el gat es un retrato del padre de Cristina, cuando era pequeño; en él trabajó con una imagen en blanco y negro, experimentando con distintas tonalidades ocres, azules, rojizas.

En las dos versiones de Aitana se puede ver la evolución del cuadro, la primera mancha y el resultado final después de días de trabajo.

Y si alguien se anima a ser uno de ellos: tanis07.cristina@gmail.com

Texto: v. / l.

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