En mi pequeña pantalla de mi pequeña habitación en Chichester, un pequeño pueblo en el sur de Inglaterra donde vivo desde hace un año, como muchas oscuras noches del que viene siendo ya un avanzado otoño —al menos aquí, no sé en mi Madrid natal—, puse otra película con el afán de seguir aprendiendo inglés y de seguir disfrutando del cine. Esta vez fue Bread and Roses (Ken Loach, 2000), inspirada en la historia real de la campaña llamada Justice for Janitors, que comenzó en 1985 en protesta por los bajos sueldos y la escasa cobertura de Seguridad Social que recibía el sector de los limpiadores, en su gran mayoría de procedencia latinoamericana, que por aquel entonces eran más de 225.000 repartidos en al menos 29 ciudades de Estados Unidos. Esta campaña fue organizada por el SEIU (The Service Employees Internacional Union) y con ella se pedía aumento de sueldos, cobertura sanitaria, mejores condiciones laborales y mayores oportunidades de empleo.

En Bread and Roses se narra la historia de dos hermanas mexicanas, Maya y Rosa, trabajadoras en este sector de limpieza en un edificio de oficinas en Los Ángeles. De alguna manera el destino hace que Maya conozca a Sam, un activista de la campaña del SEIU y así comience una historia de lucha social por la mejora laboral y de vida de uno de los sectores más marginados de la ciudad. Uno de los lemas que aparecen en las pancartas y que a su vez gritan algunos de los manifestantes es “We want bread, but we want roses, too!”. Es con este lema con el que me quedo en la cabeza después de ver la película y sin dejar de pensar por qué esta frase y de dónde procede empiezo a investigar su origen. Enseguida me parece muy interesante y pienso que esta historia la deberíamos saber todos. Decido, entonces, escribir sobre ello dejando a un lado la película. Así descubrí lo que se conoce como Bread and Roses, una máxima que tiene su origen en un poema de James Oppenheim (1882-1932), poeta, novelista y editor americano. Fue publicado en The American Magazine en diciembre de 1911 y lleva por título “The women in the West”. Se hará famoso en 1912 gracias a lo que se llamó “Bread and Roses strike”, una serie de huelgas en el sector textil en Lawrence  (Massachussets) y durante las cuales un grupo de mujeres portaban pancartas con esa misma consigna. La huelga la lleva The Industrial Workers of the World y protestan contra la decisión de los propietarios de las fabricas textiles de bajar los sueldos a los trabajadores. Esta huelga se extiende rápidamente por la ciudad de Lawrence llegando a ser unos 22.000 trabajadores los que paran las fábricas en solo una semana. La protesta termina después de más de dos meses con la detención, por parte de las milicias ordenadas por el alcalde, de treinta y seis trabajadores de los cuales la mayoría fueron condenados a un año de prisión. Se les acusaba de utilizar dinamita, pero se descubrió que William Wood, presidente de la American Woolen Company, había pagado a un tal J. Breen para que hiciera una siembra de explosivos y así desacreditar la huelga. Curiosamente, en el juicio contra J. Breen, al no poder Wood explicar por qué había dado ese dinero, se le retiraron todos los cargos.

Por otro lado el gobernador de Massachusetts ordenó a la milicia estatal cargar contra los huelguistas, lo que produjo la muerte a un niño de quince años. Poco después la manifestante Anna LoPizzo fue asesinada a tiros. El sindicato alegó que había sido asesinada por un oficial de policía, pero José Caruso, otro huelguista, fue acusado de su asesinato y con él, J Ettor y A Giovannitti, que estaban a tres kilómetros de distancia de la huelga en una reunión, fueron arrestados y acusados de “cómplices del asesinato”.

Ante la creciente mala publicidad, el 12 de marzo de 1912, la American Woolen Company accedió a todas las demandas de los huelguistas. Al final del mes, el resto de las empresas textiles de Lawrence también aceptó pagar los salarios más altos. Sin embargo, J Ettor y A Giovannitti permanecieron en prisión sin juicio. Las reuniones de protesta se llevaron a cabo en ciudades de todo Estados Unidos y el caso finalmente tuvo lugar en Salem, Massachusetts. El 26 de noviembre de 1912, se absolvió a los dos hombres.

The women in the West

As we come marching, marching in the beauty of the day,
A million darkened kitchens, a thousand mill lofts gray,
Are touched with all the radiance that a sudden sun discloses,
For the people hear us singing: “Bread and roses! Bread and roses!”
As we come marching, marching, we battle too for men,
For they are women’s children, and we mother them again.
Our lives shall not be sweated from birth until life closes;
Hearts starve as well as bodies; give us bread, but give us roses!
As we come marching, marching, unnumbered women dead
Go crying through our singing their ancient cry for bread.
Small art and love and beauty their drudging spirits knew.
Yes, it is bread we fight for — but we fight for roses, too!
As we come marching, marching, we bring the greater days.
The rising of the women means the rising of the race.
No more the drudge and idler — ten that toil where one reposes,
But a sharing of life’s glories: Bread and roses! Bread and roses!

Y después de leer y releer el poema me paro a hacer una pequeña reflexión sobre la película de Ken Loach basada a la vez en una historia de 1985 y la historia de 1912, donde los problemas por los que luchan esas personas son los mismos y solo los diferencian 70 años. Creo que en ese periodo de tiempo las cosas no cambiaron mucho y que el hecho de que aquel lema del poema de 1911 sirviera para 1985 da mucho que pensar: ¿Realmente avanzaron tanto las sociedades en 70 años como para afirmar que los trabajadores de 1912 vivían en perores condiciones que los de 1985? Pero… y en 2009, cuando aún existen sueldos que hacen que muchas familias vivan bajo el umbral de la miseria, donde existe un grupo que no es ni siquiera “mileurista” y donde hay un paro atroz que empobrece a la gente, ¿nos valdría el mismo lema? ¿Habremos avanzado hacía un mundo realmente más justo?… Como siempre, para unos sí, para otros no.

Solo me queda decir que cada vez veo más interesante ver cine y buscar después qué hay detrás de cada película, de cada guión, de cada director, de cada historia porque no solo disfruto de lo que vi en la pantalla, que pasó veloz en la oscuridad de la sala, sino que acabo descubriendo miles de historias más, unos días más alegres y otros no. Veremos la próxima…

M.I. Cortés

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