“Monstruo

Es de saber que en esta cibdad de Toledo, junto con la puerta que dicen de Perpiñán, [el] martes [a] veinte días del mes de diciembre, año del nascimiento de nuestro señor Jesu Cristo de mil y quinientos y cuarenta y siete años, una mujer de un herrero parió una criatura muerta, ya grande, de seis o siete meses, que tenía dos cabezas en un cuerpo y dos brazos y cuatro piernas, y en medio de cada par de piernas una natura de hombre. ¡Cosa de admiración! Y así lo vio gran parte de la gente de la cibdad y yo lo vi, por ende lo puse aquí ad perpetuam Rey memoriam. Llévolo el arzobispo de Toledo don Juan Martínez Silíceo a las infantas —que a la sazón estaban en Alcalá de Henares—, para que lo viesen.”

[Texto extraído del manuscrito 9175 de la Biblioteca Nacional de España, titulado Noticias curiosas sobre diferentes materias, por Sebastián de Horozco (f. 4).]

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Vale que una mujer dé a luz unos siameses muertos en pleno s. XVI. Vale que se entere toda la ciudad. Vale, incluso, que la mujer llame al jurisconsulto de Toledo (el propio Horozco) y al arzobispo, y que estos vayan a ver el cadáver. Pero lo que de verdad me admira es que Juan Martínez Silíceo se eche extasiado el cadáver al hombro y se dirija a Alcalá de Henares con la feliz idea de enseñarles el aborto a las infantas. Si yo hubiera sido Buñuel, sin duda habría hecho una película.

Selección y epílogo de Logakl

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