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Genesis P- Orridge era medianamente conocido en el mundillo artístico transgresor de finales de los 70, esculturas hechas a base de tampones, fotos pornográficas (“Prostitution” COUM Transmissions, Institute of Contemporary Arts, London, 1976). Pero en 1993 conoce a Lady Jaye y con ella comienza el verdadero camino hacia lo espeluznante: su proyecto Pandrogeny (o  mejor: su “performance vital”, que continúa incluso tras la muerte de ella) no deja indiferente a nadie; entonces sí, las puertas del Moma y del escándalo social se abren.

La pandrogenia consiste en mimetizarse el uno con el otro, operarSE, liposuccionarSE, implantarSE , hincharSE, hasta conseguir ser lo más idénticos posible. Una obsesión que nace del amor enfermizo: “desearía comerte, tenerte enteramente, que tú llegases a ser yo, y yo terminase siendo tú”, y acaba con un manifiesto (Breaking Sex Manifest, 1999) y una filosofía: hay que desligar la forma del cuerpo (el continente) del género humano. La cirugía es un arma cargada de futuro. Por fin no somos esclavos de lo que parecemos, por fin está a nuestra merced decidir sobre lo que hasta ahora venía dado. ¿Dónde están los límites? Jugar a ser dioses: si no estamos hechos a su imagen y semejanza, arreglémoslo.

psychic%2001-500 “La gente finalmente ha comenzado a sentir que el cuerpo humano se ha pasado de moda genética y físicamente en su estado actual. Está sintiendo también una liberación potencial en su idea de que el cuerpo es un grupo de sensores y una máquina para moverse utilizada por la conciencia y que puede ser rediseñado, reconfigurado, y atenuado para favorecer necesidades y sueños sociales y del entorno. El cuerpo es maleable y no es nuestro… La gente puede escoger ser ficticio…”

Es cuando empieza lo interesante, cuando el cuerpo deja de preocupar; al fin y al cabo es pura manufactura. De hecho, a pequeña escala, ¿en quién o en qué pensamos cuando nos hacemos un piercing o un tatuaje? Estamos reinventando nuestra materia prima, son modas, como modas son los pechos de Pamela Anderson (señalada en el manifiesto como arquetipo estético-quirúrgico), paradójicamente unas formas absolutamente artificiales y tan aclamadas por la sociedad. La rebeldía de marcar a nuestro antojo un cuerpo, mi cuerpo, dejar una marca, no ser lo que venía de fábrica, al igual que los accidentes van dejando cicatrices, la voluntad, la moda y el arte van dejando las suyas.

genesis090913_1_560Siguiente paso, ascendamos esto a mayor escala, pensemos en la humanidad avanzando hacia una mimetización global, un Uno hermafrodita, sin sexo, sin físico que importe, la batalla por perpetuar la especie y mi adn perdidos en el fondo de un quirófano… no habrá violencia, no hará falta, los miedos, culpabilidades y recelos de la apariencia física estarán relegados a ser insignificantes y uno podrá dedicarse a redibujar su cerebro, redefinirse, en el verdadero significado de la palabra, utilizando psicología, psicodélicos, neuro-químicos, terapia, yoga… Crear cuerpo y mente, modificar: el lienzo ha pasado a ser uno mismo. ¿Acaso existe mayor libertad? Y entonces…

Entonces la rivalidad dejaría de existir, si nuestros genes y nuestro instinto de perpetuar la especie queda resuelto, si puedo crear seres exactos a mí, idénticos a “ello”, si podemos alcanzar un solo “ente” entonces ya no hay lugar para la agresión.

“La diferencia es el nutriente de las fricciones y la intolerancia. Tenemos que dejar de actuar como clanes biológicos, dejar de comportarnos como primates territoriales y otras criaturas que mantienen su supremacía externamente contra los rivales, e interiormente por el liderazgo (machos alfa habitualmente) por el recurso de la violencia…”

Siempre he pensado que la muerte del macho alfa iría por otros derroteros, no metiéndolo en un quirófano. Cierto que nada hay más natural e intrínseco en el ser humano que desear ser otro, y una vez conseguida la primera etapa, la de parecerse, ¿quién será el cirujano de mentes? Habrá que elegir muy bien la respuesta.

Julia Genau

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