Para hablar del nadaísmo, hay que saber de antemano que cualquier cosa que se diga será contradictoria. Lo mejor, seguramente, sería no decir NADA. Pero resulta que a través de un poema he caído de lleno en los textos y acciones nadistas, y me he preguntado cómo he vivido tantos años en el desconocimiento.

Lo cierto es que el nadaísmo sucedió (¿sucede?) en Colombia, pero de esto mejor no hablar con los Grandes Señores de La Cultura Colombianos. Aquellos Señores que son propietarios de la hacienda La Cultura y que tienen unas cuantas yeguas paridoras. Yeguas domadas, nada briosas, bien mansitas, que se dejan montar que da gusto. Muchas de las yeguas son de provincia, al igual que los nadaístas, pero la hacienda está en Bogotá. De todas maneras, se las marca inmediatamente en la grupa con hierro candente:

B-1, B-4, B-5…B-39.

Para los Señores Propietarios el nadaísmo es una cosa abominable, algo que hay que silenciar. Y así lleva siendo desde hace años: nadie es capaz de admitir que el nadaísmo fue lo más importante que le pasó a la cultura en Colombia. Se le tiene mucho miedo a la NADA. Los Grandes Señores de La Cultura le tienen mucho miedo a los manifiestos redactados en papel de baño, le tienen miedo a aquellos provincianos que alevosamente se llamaban a sí mismos profetas. Incluso se decían poetas.

Los nadaístas adoptaron un discurso apocalíptico, anticlerical, antiburgués, anti cualquier orden establecido. Quemaron libros, defenestraron iglesias, no dejaron títere con cabeza, se pelearon con la izquierda y la derecha. Muchos fueron presos.

Los nadaístas no ofrecían otra cosa que vida, locura y desesperación. Ingredientes fundamentales para hacer poesía, para atreverse a sacar a bailar a la señorita poesía, para secuestrarla del rancho La Cultura y llevarla a los arrabales de provincia.

A nosotros que nacimos mucho después que el nadaísmo, nos llegan estos poemas y sonreímos al ver que la poesía sigue bailando, que desde que el nadaísmo se la llevó a los arrabales baila como una desesperada, como si en cada palabra se le fuera la vida misma, baila porque ya no es señorita ni es NADA.

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Texto: Valeria Canelas
En la imagen los nadaístas Eduardo Escobar, Jotamario Arbeláez y Darío Lemos, junto a otros dos poetas, Juan Manuel Roca y Juan Gustavo Cobo Borda. Vean esta y otras en la web de Gonzalo Arango.
Y si quieren muestras nadaístas, cáiganse aquí o aquí. Sin miedo.

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