¿Qué tipo de piel prefiere? ¿Contra qué piel le gustaría recostarse? ¿Qué piel desearía volver a tocar? ¿La que le recuerda un rostro tibio y materno? ¿La piel tensa y perfumada de la primera novia? ¿La piel bronceada y salina de un amante de verano? Sea cual sea su preferencia, no hay mejor destino que Dermis. Un planeta cuyo suelo es eso: piel. Uno camina sobre piel y sólo piel. Algunos científicos dicen que más que un planeta, Dermis es un gran ser vivo perdido en el espacio. Su superficie tiene las características de la piel humana. En las zonas tropicales la piel es morena y tibia. Las elevaciones son arrugadas, resecas y un poco frías, como las manos de un anciano en invierno. Pero las zonas que están siendo más visitadas son aquellas donde la piel vieja ya se secó y nace una nueva, de bebé. Y ni qué hablar de la piel adolescente, llena de puntos negros y granitos. Cada punto negro tiene entre veinte a veinticinco centímetros de diámetro. La gente llega con mochilas repletas de algodón y bidones con alcohol, y comienzan a pellizcar y presionar el suelo. ¡Qué felicidad en sus rostros cuando logran sacar alguna obstrucción grasosa! Se la quedan mirando durante unos segundos, sin aliento, como quien mira a un hijo recién nacido. Luego empapan el algodón con alcohol y lo frotan frenéticamente contra el cráter sanguinolento. Claro que el deseo de quitar impurezas de la piel puede convertirse en una obsesión. Por Dermis se pasean cientos de exploradores desquiciados. Los puede reconocer porque están flacos, tienen los ojos enormes y una mirada perturbada. Pueden ofrecerse a ser su esclavo personal de por vida, con tal de que los deje presionar al menos un poco en ese punto negro, gigante, que usted encontró.

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Natalia Mardero nació en Montevideo en 1975. Este microrrelato está tomado de la antología de cuentistas hispanoamericanos coordinada por Claudia Apablaza, que pueden leer aquí.

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