up_posterSala 3D de un conocido cine situado en Pozuelo. Los espectadores, además de palomitas, chucherías y vasos de refresco –comprados a precios desorbitados en la tienda del cine– tendrán en su poder unas gafas negras con cristales de diferente color.

Tras un tiempo prudencial, la sala se oscurece. En la pantalla, una chica muy sosa comienza a explicar cómo funciona el cine en 3D. Cuando llega a la parte de las gafas, informa a los espectadores de que las mismas no tienen ninguna utilidad fuera del cine y que, si alguien no las devuelve a la salida, se activará el sistema de alarma que llevan incorporado. Por tanto, para impedir que se active, devuélvanlas al acomodador. Y es que los espectadores habrán pagado un suplemento de 3 euros para sostener sobre su nariz y sus orejas durante casi dos horas unas gafas de plástico… con alarma. Hay que justificar gastos, ya se sabe, y la seguridad para eso es un recurso tan… seguro.

 Pantalla en negro. Logos de Disney y Pixar. Esto empieza. Yo soy una de las espectadoras y, como es difícil descentrarse de uno mismo sin caer en la personalidad múltiple, me centraré en mi percepción. Aviso: voy a ser parcial.

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No tengo ni idea de qué va la peli, así que me dejo llevar por los diez primeros minutos. ¡Dios!, diez minutos y ya se me ha hecho un nudo en la garganta: la historia de una pareja desde la infancia a la vejez contada magistralmente y sin necesidad de diálogo. Vamos bien. Y aquí se inserta un post-it mental en el que dice “Wall-E”. Creo que sonrío un poco.

El viejo, el prota. Empieza propiamente la peli. Qué fuerte que una peli de dibujos tenga como protagonista un viejo; el merchandising será curioso. Y, encima, un viejo normal. Merlín es un viejo, pero es un mago. Este es un viejo viejo. Y si no, mira los detalles. En el bastón lleva puestas unas pelotas de tenis para amortiguar. Típico apaño; mi abuelo era igual, parecía Mc Gyver. No sé cuántas cerraduras en la puerta. Cuidado escrupuloso con todas y cada una de las cosas que hay en la casa. Nada se tira, todo tiene valor, aunque tenga cien años (y lo bueno es que los minutos previos hacen que lo entiendas de verdad). Típico comportamiento cascarrabias, típicas reacciones que a las personas más jóvenes les parecen sobredimensionadas… Residencia de ancianos. Negación. Y uno de los pensamientos más comunes entre los ancianos: yo no me muevo de mi casa. Así será: el viejo viajará y cumplirá el sueño de juventud de su mujer, pero, importantísimo, con la casa a cuestas. Mi abuela se habría sentido orgullosa.

Acaba la peli. Comentarios. Nadie dice nada de eso. Definitivamente esta es mi dimensión, la que yo casi podía tocar. El resto (el niño, el perro, los otros perros, el malo…  y cómo se mezclan los unos con los otros) también estaba allí y me gustó, pero estaba en segundo plano. Ya dije que iba a ser parcial; ahora es su turno: fill in the gaps, fill in the dimensions.

Texto: Logakl

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