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Una vez más he podido comprobar cómo de lo más aparentemente tonto o banal se pueden entresacar interesantes reflexiones… o no:

Este mediodía han emitido “Homer a la carrera” (de la serie de dibujos animados The Simpsons). No voy a desarrollar todo lo acontecido en el capítulo sino sólo la parte que me interesa. En este episodio, un gran número de las vecinas y vecinos de Springfield se presenta como candidato a las elecciones por la alcaldía de la ciudad: están hartas y hartos del corrupto comportamiento del perpetuo alcalde Quimby. Entre todas las surrealistas campañas políticas destacaba claramente la de “La loca de los gatos” y la del macarra Jimbo Jones. Este jovenzuelo ha espetado a la cámara que si eras lo suficientemente “pringao” como para votar, le votaras a él, pues iba a ser el azote de empollones y pelotas. Aparentemente esto no tiene mayor trascendencia e importancia que la obvia (rellenar con una coña marinera el metraje del capitulo), ahora bien, a mí me ha dado que pensar… desconozco la palabra especifica inglesa que habrá usado Jimbo en la versión original para referirse como “pringaos” a aquellas y aquellos  que votan, pero desde luego la traducción al castellano no puede ser, a mi entender, más oportuna.

“Si eres tan pringao como para votar, vótame…” (algo así ha dicho Jimbo).

¿Y porqué me parece tan oportuno? Porque pringao viene de pringar, y las que pringan y los que pringan son aquellas y aquellos que tragan, y en materia de elecciones vienen siendo aquellas y aquellos que tragan con lo que hay. Las y los que con su voto legitiman el sistema existente convencidas y convencidos de que es su única forma de “cambiar las cosas”; porque ya que al menos “te dejan votar” hay que hacerlo, o si no “por toda la gente que ha luchado por el voto” y demás argumentos de sobra conocidos. Yo (y otra mucha gente) nos planteamos lo contrario: ¿y si no vota nadie?

Creo que ya está bien de tragar con el limitado y supuesto poder que le ofrecen a ciudadanas y ciudadanos. Encima se sienten felices, a gusto, satisfechas y satisfechos porque han ejercido un derecho, su derecho a votar. No es hora de tragar, es hora de vomitar. Tan convencidas y convencidos estamos de que las cosas son así y así van a seguir, que hemos interiorizado nuestra limitada capacidad de acción. Esta se reduce a votar y a pedir permiso para hacer manifestaciones. Poder para el pueblo que diría mi querido Lennon.

Si me lo dan gratis, lo robo, y si me dan derecho a votar, no voto. Yo no voto desde hace rato. ¿Por qué tenemos que legitimar sus acciones y el estado en el que vivimos con las gastadas armas que nos ceden? ¿Porqué creer que votar es lo único que podemos hacer?

Si quieres hacer algo interesante dile a tu novia y a tu novio que le digan a sus amigas que le digan a sus amigos que no voten, y a ver qué pasa… Y si votas, ya sabes lo que toca… pringao.

Dr. Robert

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