Cuando Michel Vaucaire y Charles Dumont compusieron letra y música respectivamente de Non, Je ne regrette rien en 1956 no pudieron imaginar que estaban ante el último himno de Edith Piaf. La ya muy demacrada y perjudicada diva de la canción francesa sorprendió (y salvó) al Olimpia de París con su estreno la noche del 10 de noviembre de 1960.

La letra, que a simple vista no dice nada, se convierte en una fuente de energía cuando se escucha salir de la voz de Edith Piaf y si uno se para un segundo a analizarla, se dará cuenta de que es una enorme inyección de ánimo para los momentos de mayor escepticismo, probablemente una buena filosofía de vida.

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