Guillermo_Cabrera_Infante

Se sale exhausto de La Habana para un infante difunto, sin aliento. Con el gusto y el enfado de quien sabe que está leyendo algo genial ―lo que quiera que eso signifique―, a ratos arduo y duro, a ratos desternillante, juguetón. Potente, frágil, indomable; se deshace por partes, se reforma con fuerza en conjunto. Una tarde leí muchas páginas seguidas, seguí leyendo antes de acostarme; por la noche soñé en ese lenguaje peculiar y alucinante, en mi sueño yo hablaba como el protagonista, narraba así mi vida, o mi sueño. Quizá esa es la narración de la novela, el sueño, la loca historia sexual de un habanero, un cuento de hadas, un «museo de mujeres», una galería de muslos, senos, bocas, ojos, pelo. Onanismo. Iniciación. La vida para la seducción, o una novela sobre la seducción, o una novela seductora, o la seducción hecha novela, hecha personaje, hecha historia, lenguaje, palabra, forma. El juego de la seducción nunca tan bien jugado, traspasado a la palabra, en la palabra misma. El juego siempre divertido, aunque las jugadas sean a veces trágicas; el narrador no permite la lágrima ni la pena (a disgusto de mi avidez por el culebrón), narrador hilarante que nos echa a la cara un retrato de La Habana de mitad de siglo XX, como único marco posible para el juego.

Una lectura extraña, que recomiendo. Aquí abajo dejo un parrafito, la locura.

[violeta]

♠♠♠

…Margarita ahora. Mucha Margarita. Mucha mujer. Muchas mujeres. Miro hacia atrás con ir a cuando yo era y ella se me convierte en una estatua de sol. El demasiado polvo formando otras parejas con la luz. Pero ella era única en la tarde, una sola sombra sonora en mi contar de los contares. Habanidad de habanidades, todo es habanidad. La Habana es una fijación en mí mientras ella nunca fue mi movimiento perpetuo. Dos desmadres tengo yo, la ciudad y la noche. Recordar es abrir esa caja de Pundora de la que salen todos los dolores, todos los olores y esa música nocturna. Dos hembras tengo yo, ella y mi mano. ¿O es una soladós? Puntilloso debo atravesar con mi lengua bífida ese puns asinorum que va del ass de bastos al cunt-diamor, el haz de corazones. Punnilingus. The pun of no return. Ya se acerca. Todo escritor con más de una lengua deberá hablar con señales de humo verde. Ya me cerca. Viene a solas. Se viene sola. ¿O es una isola las dos? Dos despatrias tengo yo, the City of Words y das Kleine Nachtmusik. La petite morte et la musique. Aquí está, allá estaba. Demasiada mujer. Too much woman. Two-muck woman. To mock woman. Ah Silvano, si vano, he probado que ni siquiera una amazona queda grande al glande. Pero Margarita ha crecido en el recuerdo, megalómama, abuelita actual. Abre ella la boca enorme. ¿Para mamarme mejor? Volviendo a ella, Margarita mirándome con agrado, aproximándose sonriente, tendiéndome sus manos para tomar las mías, sin importarle que estábamos en la vía pública, haciendo de La Habana un París de deux, sin tener en cuenta los peatones, los otros, invisibles porque habían desaparecido de la hasta entonces concurrida calle….

Guillermo Cabrera Infante, La Habana para un infante difunto.

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