Hace ya unas semanas que tuve la grandísima suerte de poder estrechar la mano a este señor y aún recuerdo ese momento a cada instante. Un saludo que para mí fue como dar la mano a un pedazo de historia de la música moderna y a alguien que ha transmitido no solo con su voz y su música, sino también con su personalidad y estilo de vida la gran verdad universal que es el vivir día a día, manteniéndose siempre fiel a uno mismo, en continua búsqueda personal, profesional y con una meta claramente definida a través de su forma de vida y de comunicación: LA MÚSICA.

Con una carrera de más de 40 años y más de 30 álbumes de estudio en solitario, a este auténtico obrero de la música hay que agradecerle que nos haya hecho la vida un poquito más liviana en su compañía.

Nacido en Ontario (Canadá) en 1945, desde muy joven se envuelve en ambientes musicales, Buffalo Springfield (1966) es su primera banda seria, grupo que dejó al poco tiempo debido a que su personalidad tímida y trabajadora chocaba con la poca seriedad y libertinaje de la banda y el a veces espíritu efímero de la época.

Después de diferentes escarceos con Crosby Still and Nash comienza su carrera en solitario con Everybody knows this is nowhere (1969).

Destaco por su calidad musical y lírica los siguientes álbumes: After the gold rush (1970), Harvest (1972), Zuma (1975) y el directo Live rust (1979). Una lección de Folk, Country, Acoustic Rock y Hard Rock acompañado de su peculiar sonido sólido, compacto y primitivo que nos lleva de viaje por campos de maíz y trigo bajo un cielo azul, carreteras solitarias y noches cálidas a la luz de la luna junto a ese amor intemporal extraño y apasionado. El sonido de la armónica más melancólica, nostálgica y bella que nunca y esos solos minimalistas encarnando lo simple y puro pero tremendamente efectivo (punteo de una sola nota en Cinnamon girl, de 1969).

A principios y mediados de los 80 experimentó con su música añadiendo pinceladas electrónicas, elementos de la New Wave e incluso haciendo un disco 50s y Rockabilly.

Resurgió a principios de los 90 por varios motivos, sus obras volvieron a ser más sólidas e interesantes y para muchos fue el padrino del Grunge. Vuelve al sonido crujiente de guitarras, camisas a cuadros y esa actitud de lucha y rabia contra el sistema (que nunca abandonó pero que ahora estaba mas presente). Sus álbumes más relevantes son: Ragged glory (1990), Sleep with angels (1994) y Mirrorball (con Pearl Jam 1995).

Ya de este milenio recomiendo Greendale (2003), ópera rock escrita después de sufrir un aunerisma, y Prairie Wind (2005), enteramente dedicado a su padre fallecido pocos meses antes de grabar el disco.

Quiero destacar el espíritu de camaradería y respeto que ha mantenido siempre con sus músicos, especialmente con Crazy Horse, banda con la que mantiene una especial relación; a ellos dedica unas palabras en la canción The Painter (2005):

Neil Young

I keep my friends eternally
We leave our tracks in the sound
Some of them are with me now
Some of them can´t be found.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una vez leí que le preguntaron a John Ford qué era el cine para él y él contestó: “¿Has visto alguna vez andar a Henry Fonda delante de una cámara?”. Para mí la música, el Rock, es ver tocar la guitarra a NEIL YOUNG con ese balaceo rítmico, como si fuera el péndulo de un reloj que marca el tiempo que no para. Pero aunque no pare, sí, sí se saca todo el provecho del tiempo cuando se vive con la intensidad que él transmite.

“Rock n´roll will never die”, “ Some day you´ll find everything you´re looking for”, claro que sí, NEIL, “Keep on rockin´ in the free World”.

Texto: Walkers Wittering

 

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