LA SEÑORA CARMEN

El día en que los okupas fueron desalojados con violencia, la señora Carmen lloró amargamente. Casi tanto como el día en que llegaron al barrio. Casi tanto como el día en que su nieto se unió a ellos. Casi tanto como el día en que cerraron el Lys, aquel cine de su juventud en cuyas últimas butacas fue concebido su hijo.

Olga Lucas

***

MAMÁ

Cae la noche. La noche. Y todas las cabinas telefónicas de la plaza de Lavapiés se comienzan a ocupar.

El viejo cantante de boleros que ahora vende cocaína por los bares.

El mafioso marroquí que se casó con una española y por amor se transmutó en guardia de seguridad.

La coreana que hace un rato te vendió una cerveza en el Deli.

El punki cuarentón que se sigue soñando Peter Pan.

El poli que ha estado toda la tarde patrullando por la pla­za para evitar disturbios.

La estudiante de Bellas Artes a quien aterra tener que re­gresar a Alemania.

El escritor de guiones que acaba de tomarse una caña en el Pakesteis después de gastarse una fortuna en el pipsou de la calle Atocha.

La mujer que espía a las parejas desde su balcón y se ima­gina que ella es la chica a quien hacen el amor.

Cada uno en un teléfono, en una cabina, de la plaza de Lavapiés. Cuando cae la noche. La noche. Y si se pudiera apagar el ruido de los motores, el murmullo de los televisores y las plegarias de los que rezan, podría escucharse, saliendo de sus bocas pegadas al auricular, y en muy diferentes idiomas: ruso, español, chino, árabe, alemán, serere, una palabra repetida más que ninguna otra: Mamá.

Javier Puebla

***

Sigan leyendo otros en Lavapiés. Microrrelatos (VVAA, Madrid: Opera Prima, 2001)

Anuncios