noviembre1Noviembre es la incompetencia política cantada con sarcasmo feroz. El poder pasa por la lupa de Mamet y nos muestra bajo los focos a un presidente corrupto que planea mentiras absurdas para seguir encaramado al Despacho Oval. De ahí al delirio. Charles Smith intenta cambiar la historia de EEUU para extorsionar a la asociación de criadores de pavo, y pretende casar a dos mujeres solo para tener un discurso con el que poder hacerlo. ¿Sus razones? Ni siquiera tendrá dinero para que su mujer, la pobre, pueda cambiar de sofá.

   El texto es una comedia aristotélica con unidad de tiempo, lugar y acción, y aderezada  con el acento satírico típico de su autor. Es una farsa de frases rápidas y disparatadas, donde la urgencia se hace con la situación. El ritmo delirante del texto, sin embargo, no se vio en escena hasta la mitad de la función; a Santiago Ramos le costó calentarse. Cuando lo hizo (hay que decir que parecía estar enfermo), las palabras comenzaron a tener de verdad sentido y el público pudo entrar de lleno en la situación dramática.

   El resto de actores le siguió a la perfección. Ana Labordeta es la única que tiene un personaje con evolución, y quizá la única que no participa de la corrupción hasta que se da cuenta de que también ella puede sacar tajada del poder y reírse de él. Es el contrapunto del protagonista, solo ella se mantiene libre a pesar del trabajo que desempeña: escribir discursos para un hipócrita que ya ha perdido.

   Hay que destacar, sin duda, el maravilloso trabajo de Cipriano Lodosa, que mira como nadie, que trabaja la sinuosidad de su personaje y lo hace vivo, convirtiéndolo en una serpiente que se arrastra por la Casa Blanca y susurra al oído del Presidente.

   La escenografía, aunque muy cuidada, no ayudaba a los actores, no era útil. Parecía sacada de un escenario burgués típico del teatro de finales del siglo XIX, y sobraban muebles por todas partes. El único acierto fue la colocación de varios teléfonos por todo el despacho, idea que por otra parte exigía la acción de la obra.

   Gustó, en general, aunque puede decirse con toda seguridad que han tenido funciones mejores que esa. Se notaba.

 

 Texto: Lady Pulpillo, que lo vio en el Teatro Bellas Artes de Madrid un día de fiesta

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