UNA VISITA AL CONCIERTO DE HERMAN DÜNE EN NEW YORK CITY

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“The choice is made and the wrong is done
And I will meet you next year in Zion”
De la canción “Next year in Zion”

En una noche ya menos fría en el Lower East Side de Manhattan, una preciosa banda tocó en el día de San Patricio, cuando todos salen a emborracharse sin pensar en ningún paquete de estímulo a la economía. Corrieron ríos de cerveza en cada bar y el color verde ganó las calles. La tradición irlandesa ya no importa, pero se mantiene una costumbre acaso más entretenida: la gente toma la ciudad y se embriaga donde puede. No es necesario agregar que el cronista sufrió en carne propia estos embates: en la cola de un baño una niña decidió devolver parte de su cerveza en su apropiado sweater verde…

Pero más allá del santoral hubo un evento poco publicitado que hizo valer la noche. El Mercury Lounge, un bar y lugar de conciertos con una barra de la época de la prohibición -como muchas del Lower East Side- recibió al dúo Herman Düne. Y el evento -para los agradecidos testigos- fue como un extraño viaje, un viaje a ninguna parte pero con excelente música. Herman Düne está formada por dos hermanos, aparentemente con ese apellido (aunque parece mentira), aunque aún no hay mucha información sobre ellos todavía (o sí pero el reseñista es algo perezoso). Son franceses, pero cantan en inglés, y el cantante y guitarrista y afinador de ukelele entona sus letras acompañado por su hermano en la percusión. Todo es bastante extraño. La percusión por ejemplo pasa de unas simples panderetas hasta un serrucho siendo ligeramente agitado, o unas leves caricias a un tambor. El líder de la banda, un hombre ligeramente pelado con una barba increíble (urge ver los vídeos en youtube para los refutadores de crónicas y los futuros fanáticos) hace unos ligeros pero graciosos movimientos, mientras ejecuta en un estilo algo country su guitarra acústica, o alterna, de acuerdo al humor de la canción, un ukelele. Una banda sin mucho ruido, pero altamente efectiva.

En el Mercury Lounge, como parte de su gira norteamericana, los hermanos fantásticos presentaron su último disco Next Year in Zion. Es necesario oírlo, es urgente habría que decir, para ver cómo en la sencillez se presentan a veces estos grandes milagritos. El público bailó algunas canciones, pero, también debe decirse, es todavía una banda para gente rara. Los testigos pudimos ver un público más europeo, o con los artistones de Brooklyn, trajeados con sombreros para la ocasión o peinados modernos. Y mucha gente linda. Algunos reseñistas demasiado hombres podrían decir que es una banda de chicas. Por suerte lo es, pero no es simplemente eso, aunque el local convocara muchas bellezas femeninas.

Más allá del evento en sí, hay que descubrir sus canciones. El disco es en parte un viaje a ninguna parte porque presenta baladas y canciones pegadizas algo románticas pero con diálogos triviales, preciosos desencuentros o instancias del amor pero sin otra profundidad que la de la alegría o la de cierto humor leve que hace que el disco escape de las cursilerías que nadie a esta altura soporta demasiado. Basta ver los títulos de algunos temas, o mejor escuchar sus canciones. Es el caso de uno de los temas claves del disco “I wish that I could see you soon” , y acá mejor, en particular a este cronista le parecen geniales las líneas en las que el estribillo cierra con: “there is no way to say and there is nothing I can do”. Véanlo y ustedes dirán.

Algo más sobre el disco sin arruinárselo todo al lector. El cantante, el gran David Herman Düne tiene una particular forma en sus letras. A veces escasamente riman y más bien parecen seguir una extraña manera de ver el mundo, hablan sobre lo mismo de siempre, pero bien, y simple, altamente efectivo. Es lo que le da en parte el humor musical, y por otro lado, esa forma de componer las letras muchas veces para un desencuentro amoroso, pero con alegría. Acaso eso quiera decir uno de los temas clave, que le da el hermético título al disco, Next Year in Sion. ¿Qué es Zion en esa canción? ¿La tierra prometida? ¿Un planeta imposible? ¿Una realidad paralela? No sé, pero está bien saber que existe un Zion así.

texto: Edgardo Dieleke
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