Rescatamos un texto escrito en plena guerra civil, pertenciente al periódico El Socialista (órgano informativo del PSOE), que llegó a nuestras manos hace ya mucho tiempo y en el que se reflexiona sobre la importancia de la cultura antes y durante la II República Española. Resulta llamativo no solo que en una situación tan particular como es la guerra se analice un tema que ni siquiera en tiempos de paz preocupa a la clase política, sino también que muchos de los matices que circundan a la situación que se presenta no distan en realidad del panorama actual.

Dado que este artículo nos llegó mediante fotocopia, no hemos podido encontrar la fecha exacta de su publicación original. Si algún lector tuviera noticia de ella y nos la pudiera facilitar, se lo agradeceríamos enormemente.

Esperemos que les guste.

“La República española -en plena guerra de liberación nacional- está llevando a cabo una labor gigantesca en todos los órdenes de la enseñanza para poner la cultura al alcance del pueblo. Los obreros, los campesinos, todos los trabajadores que en el frente o en la retaguardia contribuyen a la lucha contra el fascismo saben que esta obra cultural de la República es una de sus más preciadas conquistas, la cual han de asegurar poniendo todas sus energías, todo su heroísmo y a su espíritu de sacrificio al servicio de la victoria.

No ignoran que los que nos combaten al otro lado de las trincheras, amparados en ejércitos de invasión, son los paladines del negro pasado de incultura y analfabetismo que ha sido baldón de nuestra patria.

España era antes un país de analfabetos. La incultura de nuestro pueblo había llegado a ser proverbial en todo el mundo. Lo reconocían todos. Y lo peor no era que hubiese muchos españoles que no supieran leer ni escribir, sino que los que sabían apenas leían ni escribían. No era raro encontrar españoles de carrera -abogados, médicos, ingenieros- sin conocimientos de ortografía y, desde luego, sin la menor afición a la lectura. Las castas acomodadas españolas carecían generalmente de biblioteca. Todo esto se ha reconocido y proclamado muchas veces durante la monarquía por políticos y escritores.

En 1931, al proclamarse la República, existían en toda España 37.599 maestros para una población de 23 millones y medio de habitantes, o sea, que correspondía un maestro a cada 625 habitantes.

A consecuencia de ello hallábanse sin escuela tres millones de niños. No es, por tanto, de extrañar que más de la mitad de la población total de España no supiera leer ni escribir. Agrávase esto con el trato miserable que recibían los maestro, los cuales padecían en su casi totalidad sueldos de 2.000 a 3.000 pesetas anuales.

Esta miseria de la primera enseñanza oficial la subrayaba el estado monárquico con la protección y la ayuda a las escuelas particulares de carácter religioso, que eran escuelas al servicio de los niños ricos, al mismo tiempo que, por medio de clases gratuitas, pretendían suplantar a las escuelas oficiales para deformar la mentalidad de los hijos de los pobres.

Las castas dominantes consideraban la ignorancia del pueblo como uno de los pilares básicos de sus inocuos privilegios. Y así, en los presupuestos del Estado, dedicábanse a Instrucción Pública cantidades irrisorias: el 5 por 100 del total.

Hoy, en cambio, la República española, en guerra terrible con el pasado, realiza un esfuerzo ciclópeo para despertar las inteligencias dormidas, cultivar las nacientes, sacar, en fin, a España de su incultura y ponerla en condiciones de alcanzar los altos destinos humanos que le esperan en la Historia. Y ello es posible porque el Estado español no está hoy al servicio de los terratenientes del interior ni de las plutocracias del litoral que constituían las castas dominantes de la sociedad española, apoyadas en el ejército monárquico y en la Iglesia. Ahora el Estado español está al servicio del pueblo y del porvenir del pueblo.”

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