De la cal a la arena, de Vallecas al centro de Madrid, del soneto clásico al verso libre… así se zarandea la pluma de Esther Giménez, filóloga, cantante, actriz y, sobre todo, poeta (o poetisa, ¿quién sabe?).  Hace ya unos años que saltó a la escena poética con Mar de Pafos, donde los seres mitológicos (o no tan mitológicos) y los ritmos más tradicionales le consiguieron el XV Premio de Poesía Hiperión. Sirva como ejemplo este soneto, uno de mis preferidos, uno que siempre escucho en sus lecturas:

Y SI ACUCIASE…

Te reto a que me enseñes a ganarte
No es fácil desprenderse de tal trono
-recuerda qué apetito le entró a Crono,
aunque ni yo soy hija ni tú Marte,

ni yo Afrodita loca por follarte…
Pero a veces confundo y me acojono
por si te acucia el hambre o a mí el mono
y acabo digerida en cualquier parte.

Apuesto a que no sabes no saber;
pero no apuesto nada -la maestra,
desde su condición como mujer,

cuando se contradice lo demuestra.
Te reto a que me aprendas y un deber;
que salgas de una vez a mi palestra.

 

Este viernes, ocho años después, presentará a voz en grito su tan esperado segundo poemario: Lamento por un ángel caído. Esta vez serán un atropello de versos con un ritmo entre cardiaco y entrecortado los que nos llenen los oídos. 30 composiciones, divididas en 3 partes, con sus 3 prólogos (lo pongo con número porque es más gráfico) y diez “cuentos místicos” (este número me interesa menos), todos ellos compuestos como pinceladas, como sollozos entre hipo e hipo del lamento, configuran esta obra que -aviso- es necesario asimilar en conjunto. Aun así, dejo algunos alaridos de los que más me gustan:

5

Lágrimas largas como la lluvia.
Calor de pájaro bajo los fríos árboles.
Nada levanta el vuelo.

                                                    De Lamento

4

Y llegamos al mundo con miedo a la desidia
y caímos en ella
como la tarde cae en el verano.

                                                    De Canción del Páramo

Prólogo

La carga que dejaste,
la que rompió mis vértebras
para que nunca fueran alas,
el oportuno peso
que me libró de ser un papagayo.

                                                    De El Banquete

5

La araña que hirió a Peter Parker
tenía esperanzas.
Jor-El, padre de Kal-El
tenía esperanzas.
La familia de murciélagos del Sr. Wayne
tenía esperanzas.
La niña que lanza las tetas de Afrodita A
tenía esperanzas.

Y el mundo cada vez más hecho mierda.
Todos eran poetas.

                                              De Cuentos Místicos

Por tanto, no se olviden: este viernes, a las 19:30, en el Centro de Arte Moderno (c/Galileo, 52, Madrid), presentación del último lamento de Esther Giménez. Allí nos veremos.

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Lía Rebolo

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