jimenez_stevepoeCon motivo de la reedición de su libro La curva del eco, por la editorial española Masmédula, la revista GQ, extrañamente masculina, acaba de publicar una entrevista al poetaeditorintelectual peruano: Reynaldo Jiménez.

Abajo les copiamos un fragmento de la entrevista, realizada por Max Ron.

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Nacido en Lima en 1959 y residente en Buenos Aires, este poeta, audaz, valiente, comprometido y honesto, es colaborador de diferentes medios escritos, traductor de escritores brasileños, editor del sello tsé-tsé, performer en busca de la simbiosis de música y poesía y dueño de un largo etcétera de intereses.

Revista GQ – Comparado con la poesía cosmética que tanto prolifera, de mera vocación estética, La curva del eco es una lectura, digamos, “difícil”. ¿Eres consciente? ¿Te preocupa?
Reynaldo Jiménez – Desconozco en detalle la poesía actual en España pero lo que suelo encontrar en la poesía latinoamericana que se publica hoy, es cierto descuido de las formas. No sé si a eso te refieres con poesía cosmética, porque lo que veo es menos la atención a las formas que una especie de obsesión por “decir toda la verdad”. Esto no siempre resulta en mayor conciencia de la materia verbal como el elemento que corporiza los fraseos y las imágenes. Las formas que hacen a la composición del poema se ven por lo general desatendidas en pro de urgencias autoexpresivas. Lo veo como recaída en un pseudo romanticismo, ahora alicaído por falta de conciencia de sus medios y tradiciones. Y sobre todo en relación a los aportes movilizadores de las vanguardias del siglo XX, así como en vistas al conocimiento ‹camino abierto y por ende siempre explorable‹ de las funciones arcaicas de la poesía. En cuanto a la quizá demostrable dificultad de mi poesía en algunas instancias (juro en todo caso que no es adrede) no me queda sino abrigarme al amparo de Lezama, quien ha dicho Sólo lo difícil es estimulante. Admito con ternura y estremecimiento su desafiante matiz.

GQ – Utilizas la voz poética como una herramienta de exploración, interior y exterior. ¿Es una percepción acertada?
RJ – Sí. Creo en la gestación de una lengua poética como una posibilidad de exploración interna, espiritual. Y en ese ahondamiento, sin embargo, reconozco también la insurgencia de la búsqueda exterior, es decir la indagación por un sentido en el mundo.

GQ – La primera parte de tu libro parece un intento de aprehender lo vivido, de convertir el pasado en una experiencia utilizable y de convertir esa experiencia en conocimiento. Y la segunda parte parece servirse de ese conocimiento adquirido para (re)definir el “yo”, para declararte tú mismo.
¿Es esa la función de la poesía: definirse a través del mundo y definir el mundo a través de uno?
RJ – No veo tan tajante esa división del libro en dos partes. Gradualmente ‹ya que se fue escribiendo a lo largo de diez años‹ noté al momento de ensamblarlo que se trata de varios libros, breves casi todos, excepto dos poemas extensos compuestos de diversos “cantos” cada uno. Veo a La curva del eco como una baraja para distintos juegos. Éstos ya dependerían de la voluntad imaginaria y el ánimo de cada cual. El libro empieza con una visión en sobrevuelo del planeta y luego de varias estancias ‹en la soledad, en la pregunta por la segunda persona, en la tensión con la especie, en los vínculos con los diversos reinos de la realidad‹ desemboca en la imagen del estanque y los renacuajos, en el poema final. Planetas y burbujas. La función posible de la poesía a la que suscribo indudablemente participa de esa dialéctica entre Uno y Múltiple. Entre Alguien, Nadie y Quién.

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Si quieren continuar y aprender de paso un par de truquitos para estar más bellos, pulsen aquí.
Además, de Reynaldo Jiménez, les recomendamos que no se pierdan su espacio.

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