Trabajar sobre literatura del siglo XIX está obsoleto, trabajar sobre Galdós está obsoleto, trabajar sobre Fortunata y Jacinta o La desheredada está obsoleto, etc. Pues no. Que yo digo que no. Y así se ha hecho evidente durante estos días pasados en el I Encuentro de Jóvenes Investigadores sobre Pérez Galdós, donde se ha demostrado que este polifacético canario aún tiene muchos rincones que explorar y muchas perspectivas por abordar.

¿Quién pensaría que sus novelas se pueden leer en clave de moda? ¿Y que aún son útiles para que en una clase de secundaria (o de ELE) se puedan encontrar afinidades con los alumnos? ¿Y que aún están por hacer un diccionario lexicográfico y un catálogo de sus obras teatrales? ¿Y que las nuevas tecnologías se aprovechan para ediciones de lujo de los Episodios Nacionales? Más sorprendente es descubrir que todavía hay agujeros negros en su relación con Emilia Pardo Bazán, que sus protagonistas se pueden estudiar como modelos de mujer desviada y que igual no siempre fue tan realista o que, mejor dicho, se puede dudar de su realismo porque en sus novelas se sirve de técnicas literarias ajenas (adelantadas más bien) al canon estético imperante.

Frente a todas estas novedades que evidencian el crecimiento y el interés de los estudios galdosianos, que han hecho del encuentro un espacio rompedor, han despuntado ciertas prácticas que, en cierto modo, han empañado la modernidad del evento. No encuentro tanta diferencia entre los que homenajean a famosos generales con flores en su tumba o lloran con los pasos de Semana Santa y la ofrenda floral del último día. Ese tipo de actos me resultan más propios quizá de ámbitos conservadores. ¿Y esos consejos paternales que algunos de los allí presentes repartían con el dedo acusador levantado? Al fin y al cabo, la vieja escuela sigue anclada en su metodología.

Cierto es, no obstante, que tales prácticas han quedado relegadas a un segundo plano gracias al cariño con que se ha tratado a todos los participantes, a las atenciones prestadas en todo momento y a la magnífica organización: consistentes desayunos y meriendas en los descansos, visitas culturales de lujo e invitaciones espectaculares que han dotado al encuentro de un altísimo nivel y que en estos momentos solo me hacen pensar cuándo será la próxima vez.

C.F.C.

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